martes, 26 de febrero de 2008

Una Pregunta




¿Qué hacer con nuestra vida?


Una pregunta que quizás nunca nos haremos, aún luego de haber transitado toda una vida en este mundo vertiginoso que no nos invita en modo particular a la reflexión, a la mirada interior. Sin embargo, nos preguntamos y discutimos apasionadamente qué hacer con nuestros hijos, con nuestras mascotas, con nuestro equipo de fútbol o con esas arrugas que insistentemente se atreven a mostrarse en el espejo.


Tener un plan de vida es tan importante como el aire que respiramos, como la comida que nos sostiene día a día. No tenerlo es una aventura tan osada como la de manejar a toda velocidad un automóvil que tiene el parabrisas y los vidrios laterales pintados de color negro, guiándose simplemente por lo que se ve por el espejo retrovisor. ¿Quién sería tan imprudente para hacerlo? Sin embargo circulamos por esta vida sin haber reflexionado sobre cual es nuestra misión en este mundo, por qué estamos aquí, qué se supone que tenemos que lograr a lo largo del recorrido.


Nos atrevemos a mirar en nuestro interior, y admirados comprendemos que cada uno de nosotros es una experiencia única e irrepetible en la historia de la humanidad, un chispazo en medio de la creación, enclavado en un punto del tiempo y del espacio. Así de maravilloso es el papel protagónico que Dios nos ha preparado en Su Guión de la historia del hombre. Nada ha escatimado El a la hora de tener sueños extraordinarios sobre nuestro potencial, a la hora de hacernos maravillosamente a Su imagen y semejanza, moldeados de polvo de estrellas, fragmentos de Cielo.


Por eso es que nuestra misión de vida es la de construir la mejor versión posible, de nosotros mismos. Auténticos y fieles a nuestra esencia, como Dios nos creó. Cada fragmento de nuestra humanidad es materia prima que debemos moldear y pulir, hasta que el plan maestro que representamos emerja y brille frente al mundo como el sol de la mañana. Esa autenticidad es una clave a la que debemos prestar suma atención, porque de ningún modo debemos intentar ser lo que no somos, apartarnos de nuestra auténtica esencia, dejar de ser nosotros mismos.


Pero, ¿como es que elaboro el plan de vida que me permita construir la mejor versión posible de mi mismo? Lo diré con calma, no te asustes: nuestra vida es, de principio a fin, un llamado a la santidad. Lo dicho, no te conmuevas ni consideres que de modo alguno esas cuestiones están alejadas de tus posibilidades. La búsqueda de la santidad no es algo que se aleje demasiado de tu vida actual, porque es un camino que se debe recorrer en tu tiempo y en tu lugar, con tus palabras y tus pensamientos. Ese ser único e irrepetible que eres se puede aproximar poco a poco a la sonrisa de Dios, a la Mirada satisfecha del que ha puesto todo de si, en ti.


Dije que la vida es un llamado a la santidad, porque es ese el sueño que Dios tiene de cada uno de nosotros, esa es la aspiración que el Papá Bueno tiene para nuestra alma. Un llamado a recorrer un camino lleno de espinas, y de preguntas sin respuestas aparentes, pero pleno de esperanza si se recorre con la mirada puesta en el lugar correcto, en mantener férreamente el deseo de estar unidos en amistad con Jesús.


La elaboración del plan de ruta será un trabajo silencioso, que surgirá al compartir horas y horas con nuestra querida amiga, la oración. Ella será nuestra compañera y consejera, porque de sus sutiles susurros nacerán las piezas que irán componiendo nuestro mapa de vida, nuestro plan de vuelo. Viviremos horas de oscuridad, y también momentos de sentirse abrazados por el Amor de Dios hasta el extremo de las lágrimas. Nos templaremos como el metal que pasa del frío al calor bajo la sabia mirada del artesano.


Y un día nos miraremos y veremos en nosotros el mismo toque maestro que el Creador nos dio, pero moldeado en la humildad, la sencillez, los silencios y las sonrisas. Sabremos que falta mucho camino por recorrer, pero con alegría comprenderemos cuan importante fue aquel día en que, empujados por el amor que todo lo puede, nos echamos a caminar. ¿Acaso hay otra cosa mejor que podamos hacer con nuestra vida?





3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Vero
Hermoso tema diría !Divino!pues en él nos hablas del Amor a Dios. Gracias por tu envío y por tu bello blog que cada día es mejor!!!
Dios te bendiga Amiga!
Cariños
Ana María Zacagnino
http://www.zacagnino.com

Anónimo dijo...

¡Felicitaciones, Very!!!! Realmente maravilloso...Un gran abrazo, Gra.

Stella Maris LInardi dijo...

MI querida Vero, que alegría de saber que hay algunos semejantes a uno, parece un juego de palabras Dios nos dio una misión y por más pqueña que sea debe ser querida y respetada, es simple, es vivir y dejar vivir, como digo en mi libro: los sueños se cumplen si uno se atreve a vivirlos, sigue adelante no importa lo que digan, el camino esel de la luz y te asuguro que es el mejor, besos Stella maris Linardi

¡¡Cumpleaños de verydiro!!

¡¡AMIGO TILDA PLAY Y ESCUCHA MÚSICA DEL ALMA!!


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