martes, 2 de febrero de 2010

BALSAMO DE AMOR...


Camino a la cabaña de la playa donde mi familia pasaba las vacaciones, formulé un propósito: durante las siguientes dos semanas, intentaría ser un esposo y padre cariñoso. Sería afectuoso y amable; no pondría peros ni condiciones.

La idea se me había ocurrido al escuchar por radio, en mi auto, a un comentarista que citaba un pasaje bíblico relativo a la consideración que los maridos deben tener con sus esposas; después, continuaba: “El amor es un acto de voluntad. La persona puede optar por amar”. Debía yo reconocer que había sido un esposo egoísta y que mi falta de tacto había empañado nuestro amor, debido a mis mezquindades: reñía a Evelyn por su morosidad; insistía en ver los programas de televisión que sólo a mí interesaban; echaba a la basura los periódicos del día anterior que sabía que mi mujer no había leído aún. Pues bien, durante dos semanas, todo eso cambiaría. ¡Dicho y hecho! Desde el momento mismo en que besé a mi esposa en el umbral de la puerta, la cumplimenté: -¡Ese suéter amarillo que estás estrenando te sienta de maravilla! -¡Gracias! ¡Me alegra que lo hayas notado! –repuso, sorprendida y contenta, y quizá hasta un tanto perpleja.

Cansado del largo viaje, sólo deseaba sentarme a leer, pero Evelyn sugirió que diéramos un paseo por la playa. Ya iba a decirle que no, cuando pensé: Evelyn ha estado aquí sola con los niños toda la semana y ahora desea estar sola conmigo. Así pues, nos fuimos a caminar por la playa mientras los niños hacían volar sus papalotes.

Y así seguí cumpliendo mi propósito. Dos semanas sin telefonear a la compañía de inversiones de Wall Street en la que soy uno de los directores; una visita al museo de conchas, aunque por lo general detesto los museos (y sin embargo, me gustó); ningún comentario hiriente cuando la morosidad de Evelyn al arreglarse ocasionó que llegáramos retrasados a una cena. Pasé todas las vacaciones relajado y feliz, y me hice un nuevo propósito: seguir recordando que había yo optado por amar.

Sólo una cosa falló en mi experimento, y todavía mi esposa y yo reímos al recordarlo: la última noche que pasamos en la cabaña, al ir a acostarnos, Evelyn se quedó mirándome con expresión triste. -¿Qué pasa? –le pregunté. -Tom –me contestó, acongojada-, ¿sabes algo que yo ignore? -¿Qué? ¡Explícate! -Bueno… ese examen médico al que me sometí hace unas semanas… ¿Te dijo el doctor algo al respecto? Has sido tan bueno conmigo estos días… ¿Es que me estoy muriendo?

Tardé algunos momentos en comprender la inquietud que embargaba a mi mujer, pero en seguida solté la carcajada: -¡No mi vida! –Repuse, abrazándola-. No estás muriéndote… ¡Lo que sucede es que yo estoy empezando a vivir!

4 comentarios:

"MISS VERY" dijo...

Sinplemente una historia de vida...Para que reflexionemos!!!!

Lucas dijo...

Maravilloso Vero
hace Tiempo que estoy sin pasar por acá. Fue un placer!
Un abrazo

El Éxodo dijo...

Nunca deberíamos dejar de mostrar nuestro afecto a nuestros seres queridos, ya sea pueda éste ser amor, amistad o cualquiera de las múltiples formas que puede adoptar el cariño.

Un relato muy tierno pese a la tristeza. Pero, y en eso discrepo, el amor, como el olvido, llega sin pedir permiso. Y sin pedirlo se queda o se nos va a su antojo.

Un abrazo.

Ceci.- dijo...

Que preciosa reflexión!!!! Me ha dejado pensando varias cosas Vero.

Saludos! Ceci.-

¡¡Cumpleaños de verydiro!!

¡¡AMIGO TILDA PLAY Y ESCUCHA MÚSICA DEL ALMA!!


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