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miércoles, 31 de marzo de 2010

Las Voces del Alma


La vida es un proceso mediante el cual tu alma tiene la oportunidad de transformar en experiencia lo que realmente es…. El sentimiento y la intuición son algunas de tus guías.

Algo que se intuye, es algo que percibimos como posible o verdadero para nuestro ser. La sensación de conexión puede ser poderosa para convertirse en algo que llamamos real.

Sin embargo puedes estar condicionado para dudar de ti cuando surgen estas manifestaciones del alma.

Te has creído que no puedes confiar en lo que sientes e intuyes de tal suerte que tu guía emocional es un concepto que desechas sin prestarle debida atención.

Cuando se te dice que el sentimiento es el lenguaje del alma veo que son palabras que no aterrizan del todo en tu comprensión.

Siempre has tenido a tu disposición un poderoso instrumento que se llama intuición, cuando este se acompaña del sentimiento y te dejas guiar por ellos te conducen a la consciencia de tu verdad esencial… A la conexión contigo mismo en todas tus partes (la humana, la divina, la invisible, la energética, la cósmica, la dual)

Cuando te permites intuir, estas sintiendo algo, cuando sientes, percibes que sabes algo, cuando confías en este llamado y te dejas guiar por la sensación, se produce la experiencia que confirma lo que sentías que ya sabias.

En este contexto puedes sentir entonces como se expande tu consciencia en reconocimiento e integración de aspectos olvidados de tu ser para dotarte de una sabiduría cósmica que te aleja de toda ilusión de separación con tu fuente creadora, con la falta de conexión y de su presencia permanente en tu vida.
Esta sabiduría te brinda la paz que desea tu corazón porque recuperas la consciencia de quien eres realmente.
El sentimiento y la intuición son voces del alma, la experiencia que te brindas en algún aspecto de la vida te puede proporcionar la confirmación de lo que sentías o intuías como verdadero.

Por ejemplo, tú puedes sentir que este mundo tiene algo raro, ilusorio y tenso. Si te conduces por este sentir se producirán experiencias que te llevan a lecturas que hablan de la vida después de esta vida, encontraras temas y personas que sostienen que existe la realidad del corazón que te permite vivir sin miedos y apegos. Podrás descubrir que tienes recuerdos de vidas pasadas, aun mas, reconocer quizás a una persona en esta vida bajo otra apariencia física. Puede suceder que te sientas firmemente convencido de algo sin que nadie te haya platicado o leído al respecto y después encontrarte con un texto de algún autor reconocido que presenta de forma semejante lo que tú ya sabias.

Todas estas situaciones que llamamos coincidencias fueron producto de tu creación cuando creíste en lo que intuías o sentías como verdadero o posible para ti.

Otro ejemplo, cuando tú sientes que en el fondo eres un ser amoroso y compasivo y te dejas guiar por este sentir pese al dolor que puedas llevar sobre tus hombros por la razón que sea, estarás rompiendo un circulo vicioso de incomprensión y oscuridad para confirmar lo que tu sabias con respecto a tu ser, sin importar el comportamiento de otros.

Cada vez que completes este proceso en algún aspecto de tu vida (de sentirte y experimentarte)

Te estarás brindando realización plena… Al crecer tu intuición, se afinara tu sentir, se ampliará tu consciencia y recordaras mejor quien eres.


Cada vez que te realizas permites que emerja la sabiduría cósmica que corre por tus venas, dicho literalmente, todo lo que eres está contenido en tu ADN.

Cada vez que te realizas vives más alejado del temor, de los dramas y de las ideas de separación y destrucción.


Cada vez que te realizas comprendes mejor la naturaleza del amor incondicional, aumenta la confianza en tu ser y en tu autoestima.


Te vuelves más independiente emocionalmente, porque sueltas la necesidad de aprobación y reconocimiento por parte de los que te acompañan en este viaje sagrado.


Descubres, que lo que sentías verdadero, era cierto, era real…era tu ser enterrado bajo capas de incomprensión, de olvido y de un montón de escombros que arrojaron sobre ti.


Esta experiencia te llena de entusiasmo al volver a reconectar con quiere eres… Sientes como se agita algo fuertemente en ti deseando salir.


Es entonces cuando pones más atención a lo que sucede en tu interior, apagas el ruido externo y te escuchas para dejarte guiar.


Dejas de recabar información sistemáticamente del exterior, dejas de buscar instrucción, cursos y conocimiento a manos llenas. Comienzas a comprender mejor como tu alma te habla a través de las emociones, del sentimiento, de la intuición y la experiencia.


Despiertas a tu realidad vibracional para comprender que tienes más radares (sensores) que no son físicos. Ahora sabes que el mundo como te lo presentaron solo es una pequeñísima parte de todo lo que abarca realmente en otros planos de existencia superpuestos.


Comprendes que vives y estas dentro de un reino de consciencia que se expresa y crea por medio del sentimiento y las emociones.


Entiendes que toda manifestación física tangible proviene del pensamiento que es intangible.

Descubres que la realidad se produce en tu mente creadora y lo que estas experimentando en este momento es lo que elegiste observar.


Te voy a compartir un secretito… Escúchale con atención.


Hoy por hoy… Si dejas de poner atención en algo, si dejas de molestarte o preocupar por aquello, si dejas de tenerle miedo a cierta situación… veras como esta se desvanece gradualmente.


No pienses, ni apoyes nada que tenga que ver con algo desagradable, no te llenes de indignación, porque cada vez que lo hagas, solo lo expandes. Muchas causas nobles están mal fundamentadas y condenadas al fracaso por no considerar esta ley universal.


Si quieres combatir la injusticia y abusos pon tu atención en lo contrario.

Si deseas defender la vida, llénate de ella y nunca hables de más muerte.

Apaga tu radio, la televisión, tira el periódico, cambia de amigos, elude las pláticas des constructivas, llenas de lamentos y sentimientos de inconformidad.


Si te pasa algo desagradable, no lo platiques, porque lo expandes.

La realidad que vives se produce dentro de tu consciencia, de tu mente, desde ahí se materializa a través de tu sentir, es la forma como lo decretas día con día


Todo aquello en lo que pongas tu atención y lo sientas como posible te alcanzara, en esto consiste el acto de observación que produce tu realidad.

jueves, 11 de febrero de 2010

Dios ama cada día


Gracias! Hace poco leí un artículo que empezaba con esas palabras. ¡Gracias! ¡Qué hermosa palabra! Un autor decía que es como una flor exótica en medio de la montaña de la vida. Es verdad, es muy difícil decir ¡gracias!, pero ¿Cómo no hacerlo con alguien que nos ha hecho tanto bien? Más de alguna vez he escuchado a personas decir que Dios no los ama, ya sea porque el sufrimiento no los ha abandonado, ya sea porque la fortuna nunca a tocado a su puerta. Es una dura afirmación y, a la vez, triste.
Sin embargo, creo que Dios no ha dejado nunca de amarnos, Dios nos sigue amando cada día, a cada paso, a cada instante. Me apena que los hombres no descubramos ese amor bendito que no se esconde y que nos acaricia siempre.
Dios me ama cada mañana cuando me levanto y me doy cuenta de que estoy vivo, cuando me dirijo a la calle y puedo salir con mis propias piernas y moverme de un lado para otro ¿Cuántos hombres desearían dar por lo menos una de mis zancadas o golpear una vez un balón de fútbol? Dios me ama cuando, día a día, me permite mover estos brazos con los que estrecho a un ser querido o saludo a un compañero. Me ama cada día cuando escucho la voz de un niño o cuando veo una sonrisa o las lágrimas en su rostro. Y qué decir cuando sé que tengo unos padres que me quieren y unos amigos que jamás me traicionarían. Y aún más, cuando me acerco a la mesa y observo que jamás me ha faltado un plato y un poco de alimento. Dios me ama, me ama a cada día, a cada paso, a cada instante. Basta dejar de ser miope y descubrir


Autor: Evanibaldo Díaz

miércoles, 1 de abril de 2009

Callar es amar


Cuántas veces tenemos ganas de decir, de criticar, de negar, de oponernos, de resistirnos, de imponer nuestro particular punto de vista? Es como un fuego interior, irresistible, el que nos grita. ¡No puedes dejar las cosas así! ¡Es que te están tomando de tonto! En muchas ocasiones, estos impulsos están motivados por el amor propio, mejor dicho, el egoísmo que nos invita a no quedar jamás sin poner la última palabra o dejar en claro que no estamos de acuerdo.
Callar, eso si que es difícil. Callar cuando creemos comprender lo que ocurre, más difícil todavía. ¿Y en que medida conocemos realmente la motivación de aquellos a quienes queremos criticar, o aconsejar, o corregir? ¿En qué medida podemos juzgar a los demás? Las más de las veces tomamos posiciones que, con los años, juzgamos como equivocadas. ¡Que equivocado estaba entonces!, solemos exclamar. ¡Si hubiera sido capaz de guardar silencio!
Me refiero hoy a esa enorme llave del amor, que es el silencio, la humildad de callar y privarnos de pasar a la primera fila, de tomar el micrófono y decir todo lo que pensamos. El poder simplemente observar a los demás, escucharlos, e intervenir sólo cuando tenemos algo positivo para dar, seguros de no estar simplemente tratando de decir algo, de tener nuestro “papel protagónico” bien cubierto.
Callar es sacrificio, es amor. No hacer, privarnos de figurar, son gestos muy interiores, que sólo Dios ve y valora. ¿Quién más puede ver lo que está pasando en nuestro interior, si a nadie lo contamos? Ese silencio es una gigantesca muestra de fe, es entregar a Dios ese sacrificio, sabiendo que El lo ve y lo valora. Dios toma esas muestras de amor y las pone en su alhajero, a buen recaudo de los ojos de los hombres. ¿Que hombre, acaso, es testigo de esos ...





Fuente:www.reinadelcielo.org

lunes, 30 de marzo de 2009

Gimnasio del alma




PON ORDEN EN TU VIDA.

Detén tu alocada carrera diaria ¿Adónde vas con tanta prisa? Ubícate!! haz una lista de lo importante y de lo urgente, ordena tus cosas pendientes por prioridad. Respira profundo y piensa con calma QUÉ quieres de la vida, cual es tu sueño... ¡y una vez que lo identifiques ve por él! Ponte metas pequeñas a corto plazo y cumple con ellas para que poco a poco, alcances metas mayores.


PRACTICA EL AGRADECIMIENTO.


Lo más importante de todo lo que está ocurriendo en este momento es que........ ¡Estas vivo! Estar vivo es un regalo... algo tienes que hacer, alguna misión que cumplir, ¿qué esperas? Agradece los dones que día a día te ofrece la vida, cuéntalos y haz buen uso de ellos, muchas veces tenemos más de lo que podemos disfrutar, pero nos cuesta trabajo reconocerlo.


OBSERVA TUS PENSAMIENTOS.


Sabias que lo que piensas de un problema es más importante y determinante que el problema en sí? Sé que muchas veces no es fácil enfrentarlos... pero, haz el esfuerzo de volverte más positivo y mejora tu actitud. Evita ser portador de malas noticias, no te involucres en chismes o comentarios negativos hacia otras personas... ¡vive y deja vivir!


ACEPTA LO QUE NO PUEDES CAMBIAR.


El pasado ya no importa, pues ya ocurrió; olvídate de los malos sentimientos; vive tu duelo; perdona y libérate del peso que por tanto tiempo has cargado. Ábrete a comenzar de nuevo; puedes progresar y cambiar tu situación personal. Toma tiempo pero es posible mejorar tu situación en la vida por difícil que sea. Comienza a ver los inconvenientes, como oportunidades y procura darle una respuesta creativa a cada situación.


ENTREGA EL 100% EN TODO MOMENTO.


Comprométete a dar y a recibir con abundancia; ofrece a quien te encuentras, siempre, un pequeño regalo: una sonrisa, unas gracias, un saludo, una palabra de aliento. Mantén en circulación la verdadera riqueza de la vida. Muestra interés, aprecio y comprensión por los demás. Silenciosamente envía pensamientos de amor, solidaridad, paz y alegría.


ÁBRETE A LA COMUNICACIÓN.


Crea puentes de comunicación que te permitan expresar y compartir tus ideas y sentimientos. Deja de esperar a que otros se comuniquen contigo, toma la iniciativa y acércate a ellos para compartir y crear soluciones y estrategias para iniciar nuevos proyectos. Además recuerda que la comunicación es el puente que acorta las distancias que nos mantuvieron separados por diferencias o malos entendidos.


LIBERA LA RABIA.


Muchas personas están cargadas de emociones negativas y tensiones que potencian la ira. Cuando te dejas llevar por ella, terminas afectando y deteriorando en la mayoría de los casos, tus relaciones con los demás. Además la ira se convierte en resentimiento cuando la hemos acumulado por mucho tiempo, y a quien verdaderamente acaba dañando, es a la persona que la siente: ¡a tí mismo!. Aprende a respirar imaginando que sale de tí, con cada respiración. Practícalo hasta que te sientas mejor. Cuando está lloviendo fuerte, pensamos por un momento que el sol se ha ido. Pero si subimos a un avión y volamos por encima de las nubes... nos daremos cuenta de que el sol brillante, sigue ahí... Esperemos a que las nubes se disipen para ver de nuevo al sol salir. ¡Vuela, el avión eres tú!


PRACTICA LA ORACIÓN:


La oración es la forma de comunicarnos con la escencia de la vida ....

¡CON DIOS!

lunes, 2 de marzo de 2009

LA IMANTACION DE DIOS yla Meditación




LA IMANTACION DE DIOS y la Meditación

... sin una imantación por Dios, sin que el alma sienta esa imantación por el Padre de todas las cosas, es muy difícil para la criatura humana, lograr éxito en dicha empresa, es decir, el alma nuestra debe sentir esa imantación por lo Divino para que la meditación sea exitosa.
Esa imantación por lo Divino que se desarrolla en el alma del hombre, no es algo que nace en la generalidad de los mortales, digamos, súbitamente, sino algo que debe ser cultivado. No olvidarnos entonces de esa imantación por Dios tan necesaria para la meditación.
Recordemos también que meditación no es un método, no hay una metodología especial que pueda llevarnos a la meditación exitosamente; tampoco se logra por medio de una técnica especial. No somos un aparato, no somos un mecanismo, no somos un auto que se ensambla en una fábrica. HAY QUE DARLE TODA LA VIDA A LA MEDITACIÓN: la verdadera meditación es una acto de Amor entre Dios y el alma.

UN ALMA ENAMORADA DE DIOS MEDITA CON MAYOR FELICIDAD Y FACILIDAD QUE UN ALMA QUE NO LOGRA ESTARLO.

La meditación, a su vez, no es budista, ni hindú, ni cristiana, ni musulmana, la meditación, como la luz del Sol se comparte con todos los credos y todas las religiones, pero no es una posesión de ninguna de ellas en particular.

La Meditación es un camino de búsqueda: por él, anhelamos hallar serenidad para nuestros estados de conciencia, anhelamos hallar Felicidad y Paz Interior.

Hay una ley milenaria que nos enseña: a mayor apego a las cosas del mundo, apego al poder sobre la Tierra, apego a la fortuna material, apego a la gloria , a la fama, etc., menor es nuestra aspiración por lo espiritual y a la inversa, cuando la atracción por lo espiritual es poderosa, tendemos a abandonar todo lazo excesivo con las cosas mundanas y entonces el sitio que esas cosas mundanas no ocupan en la casa de nuestra alma, la ocupa esa divina sed por lo elevado, en este caso, por la meditación.
Tener también presente que no se logra una buena meditación a través de ninguna técnica respiratoria, ninguna postura del cuerpo físico en especial, sino que todo eso va a llegar de manera natural cuando se establezca una determinada y, digamos, casi perfecta conexión entre el acto meditativo y la conciencia, así despierta a la Imantación o Amor Divino.

Ada Albrecht - del libro "Guía Breve para la Meditación"

jueves, 19 de junio de 2008

Dios se despierta a sí mismo en mí



Me confesaba un joven cierta vez:
–Siempre estoy preso de la melancolía. Cuando creo vencer a este ego, se levanta de nuevo y reconstruye su cuerpo infernal con las negras cenizas de sus despojos anteriores. Apenas me doy cuenta, y ya lo veo nuevamente erguido ante mí, presentándome batalla. Estoy en lucha con él, y jamás logro vencerlo definitivamente. ¡Cuán difícil es abandonar la ilusión del mundo, cuán arduo el camino hacia Dios, y qué dificultoso lograr la purificación interior, la liberación de tantos males!
Cuando se alejó quedé pensativa, creo que triste. Triste porque el peso de su dolor estaba ahora también en mí. Me dije:
–¿Realmente debemos hacer de la vida un constante campo de batalla? En una guerra los soldados llevan sus bayonetas y ametralladoras. Viven en estado de zozobra, y no tienen ni un minuto de paz. Temen morir a cada instante. Si la guerra dura mucho, estarán así hasta que un proyectil o una esquirla, o lo que fuese, le cierre para siempre los ojos.
Me pareció entonces que el camino de la espiritualidad humana no se halla comprendido por nosotros. Creemos que la guerra es contra el ego, pero no debe ser así. ¿Por qué tengo que luchar continuamente contra un camión de residuos? Cada vez que pasa por la puerta de mi alma, ¿debo gimotear identificada con su cargado volquete? No. Se que en ese vehículo van los desperdicios, pero yo no voy en él. ¿Qué me hace imaginar que abrazada al plástico negro de esos restos que acabo de sacar de mi hogar, tengo que ir yo también a guarecerme en el interior del volquete? Tenemos ideas muy extrañas y asombrosamente pueriles sobre el sendero espiritual. ¿Tengo que buscarlo a Dios como si fuera un objeto perdido? Sabemos muy bien que esta pregunta se la han hecho miles de filósofos. Pocos encontraron la solución, y esto, porque al hombre le agrada profundamente el sufrimiento. Repito, aunque nos parezca un absurdo, al hombre le agrada sufrir, y carga con un innato complejo de culpa. Él es la causa de cuanto deterioro moral existe en el universo. Y por ello, difícilmente encontremos a un hombre feliz, y es porque el hombre feliz, como dice el viejo cuento de nuestra niñez, no tiene camisa, está desnudo ante Dios, no se arropa con ningún conocimiento, su intelecto no trabaja, está quieto en la luz, y por lo tanto, no se transforma jamás en un fabricante de sombras.
El hombre no puede despertar a Dios en su corazón, sino que es Dios quien se despierta a Sí Mismo en el hombre. Es importante entender que Dios se despierta a Sí Mismo en mí. Sólo entonces ese “mí” desaparece. Sólo entonces ese “mí” se aleja, pierdo mi identificación con él, pierdo mi identificación con todas las cosas, y dejo de ser, para Ser. Yo simplemente tengo que saber esperar, tengo que entender que esa espera es una fiesta; puede durar diez años, un año, mil vidas, pero siempre esa espera será una fiesta, porque no hay regocijo más inefable que el que nos produce el aguardar la llegada del Amor. En esa espera consciente y feliz desaparecen las “mea culpas” y queda sólo el brillo glorioso de la certidumbre que nos dice que por cada minuto transcurrido de nuestra vidas, seamos virtuosos, pecadores, generosos, avaros, o lo que fuere, Él se está acercando hasta nosotros. Todo lo que debemos lograr es simplemente comprender a esa Reina de reinas: la Sagrada Espera, en nuestro interior, en nuestro corazón, en todo el ser nuestro, de Aquel que es esencia nuestra, desde el comienzo de los tiempos, Aquel al cual pertenecemos desde siempre. Por supuesto, cuando decimos “espera” estamos muy lejos de hablar en el lenguaje común, porque esa espera no está en el tiempo. Es simplemente una metáfora, es el florecimiento de Su Amor en mí; cuando ese Amor florece, Dios se despierta a Sí Mismo en mí. Mientras tanto, cada segundo de mi vida, debo poner a Sus pies el sagrado y humilde obsequio de mi paciencia, pero de una paciencia feliz, una alegre, una bendita paciencia que dice: cuando el amor reine en mi corazón, Tú, Padre Mío, despertarás en él.
Toda filosofía, toda metafísica, tiene que ser constantemente un canto de alegría, un himno al optimismo, porque la filosofía que no enseña a reír, no es filosofía, no es Amor a “Dios-Conocimiento”, sino una triste lápida que aprisiona al cuerpo de mi anhelo espiritual bajo su losa siniestra. Mientras espero a mi Amado, río y soy feliz.


Ada Albrecht.





viernes, 6 de junio de 2008

El Corazón de Cristo, centro de mi vida



Intervención que pronunció Benedicto XVI el domingo 1 de junio de 2008 al rezar el Ángelus


Intervención que pronunció Benedicto XVI el domingo 1 de junio de 2008 al rezar el Ángelus ...Este mes está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo, símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la "buena noticia" del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la Redención.
Y el viernes pasado celebramos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, tercera y última de las fiestas que han seguido al Tiempo Pascual, tras la Santísima Trinidad y el Corpus Christi. Esta sucesión hace pensar en un movimiento hacia el centro: un movimiento del espíritu guiado por el mismo Dios.
Desde el horizonte infinito de su amor, de hecho, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno. En mi primera encíclica sobre el tema del amor, el punto de partida ha sido precisamente la mirada dirigida al costado traspasado de Cristo, del que habla Juan en su Evangelio (Cf. 19,37; Deus caritas est, 12). Y este centro de la fe es también la fuente de la esperanza en la que hemos sido salvados, esperanza que ha sido el tema de mi segunda encíclica.
Toda persona necesita un "centro" para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana.
Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.
Os invito, por tanto, a cada uno de vosotros a renovar en el mes de junio su propia devoción al Corazón de Cristo, valorando también la tradicional oración de ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones de toda la Iglesia. Junto al Sagrado Corazón de Jesús, la liturgia nos invita a venerar el Corazón Inmaculado de María. Encomendémonos siempre a ella con gran confianza...



Autor: SS Benedicto XVI



















































































sábado, 31 de mayo de 2008

Dos mujeres excepcionales






Sólo María, después de la Ascensión del Señor en la Iglesia primitiva, pudo ser la fuente de esta información que hoy no sería capaz de presentar el reportero más avispado. Sin grabadoras ni cámaras de televisión, Lucas recogió los datos suministrados anteriormente por María, y en la visitación de María a Isabel nos ofrece una de las escenas más sublimes de toda la Biblia.

- ¡Isabel! ¡Isabel! ¿Cómo estás, cómo te encuentro?...

- Pero, María, ¿cómo vienes hasta aquí?...

María se ha enterado del estado de Isabel por el Angel:

- Tu pariente Isabel, en su ancianidad, ha concebido un hijo, y ya está en su sexto mes la que siempre ha sido estéril, porque para Dios no hay nada imposible.

Más de ciento veinte kilómetros separan Nazaret de Ain Karim. Pero María, audaz, valiente, sin complejos ni miedos ¡qué muchachita ésta, y vaya mujer liberada!, emprende el camino desde Galilea hasta la montaña de Judea. Isabel, nada más oír el saludo de su jovencita prima y antes de que ésta le comunique nada, se da cuenta de la maternidad de María, por iluminación del Espíritu Santo:

- ¿Pero, cómo es esto? ¿Llevas en tu seno a mi Señor, y vienes hasta mí? ¡Si noto que hasta el niño que se encierra en mis entrañas está dando saltos de gozo con solo oír tu voz! María recibe la primera bienaventuranza del Evangelio: - ¡Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá en ti todo lo que te ha dicho el Señor!



¡Hay que ver qué encuentro el de estas dos mujeres madres! La Liturgia de la Iglesia nos lo presenta hoy para que veamos lo que nos espera a nosotros en la próxima Navidad, que ya la tocamos con la mano.

María nos trae al Hijo de Dios, hecho hombre en su seno bendito.

Jesús se encuentra con nosotros para llenarnos de su Espíritu Santo, como a Isabel, como a Juan.

El Espíritu Santo nos llena de su alegría y de sus dones, porque donde entra el Espíritu de Dios no hay más que gozo, paz y vida divina y eterna.

Si nos ponemos a analizar este hecho de la visitación de María a Isabel, no sabemos por dónde empezar ni por donde acabar de tantas cosas como podemos decir, ya que se trata de una escena de riquezas inmensas. Igual nos habla de las dos naturalezas de Jesús, divina y humana, que de la mediación de María. Como nos dice también de la diligencia del apóstol, dispuesto a dar siempre ese Jesús que lleva dentro.

¿Quién es el Jesús que María lleva en su seno? Dios, ciertamente. Isabel lo reconoce: - ¿Cómo viene a visitarme la madre de mi Señor?... Y El Señor, para un judío, era solamente Dios.

¿Quién es el Jesús, hijo de María? Es hombre perfecto. Nacido de mujer, dirá San Pablo. Un Jesús hombre que tomará el pecho de la mamá como cualquier bebé. Un Jesús que jugará y enredará y será educado como cualquier otro niño. Un Jesús que se desarrollará joven bello y de prendas singulares, como nos dice el Evangelio, e irá creciendo en estatura, en conocimientos y en gracia y atractivos ante los hombres lo mismo que ante Dios.

Un Jesús que amará como nosotros; que trabajará y se cansará y padecerá hambre y sed; que gozará y sufrirá como sus hermanos los hombres, y que llegará a morir verdaderamente como cualquiera de nosotros. ¿Por medio de quién viene a nosotros este Jesús? Es la cosa tan evidente, que no necesita comentarios.

Dios ha querido servirse de María, que ha dado su consentimiento consciente, libre y amorosamente al plan de Dios.

Y María sigue realizando hoy su misión de darnos a Jesús lo mismo que hizo con Isabel y el Bautista o lo veremos pronto con los Magos.

No va a ninguna parte María sin su Jesús. No se mete María con su amor y devoción en ningún alma sin meter bien dentro de ella al mismo Jesús. Venir a nosotros María o ir nosotros a María y no encontrarse con Jesús resulta un imposible. María, como Madre, es una Medianera natural entre Jesucristo y nosotros. De María aprendemos también una lección importante para nuestra vida cristiana.

¿Podemos quedarnos para nosotros ese Jesús que llevamos dentro? ¿No tenemos obligación de darlo a los demás?...

Por la fe de Abraham empezó la Historia de la Salvación. Por la fe de María –¡Sí, que se cumpla en mí tu palabra!– se realizó definitivamente el plan de salvación trazado y prometido por Dios. María nos enseña a ser creyentes, a aceptar la Palabra, a decir siempre SÍ a Dios.







































































Fuente:http://es.catholic.net/meditaciondehoy/

viernes, 16 de mayo de 2008

Toma tu cruz y sígueme

Marcos 8, 34-9,1. Tiempo Ordinario. Seguir a Cristo significa dolor, sufrimiento y abnegación; todo esto más la salvación eterna.


Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles Y añadió: Yo les aseguro que algunos de los de aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder.

Reflexión


¿Quién puede soportar estas palabras? ¿Seremos capaces realmente de seguir esta doctrina que se nos presenta hoy? ¿Podremos vivir el significado cristiano de la palabra abnegación?


Son algunas preguntas que se me presentan al leer este pasaje. Cristo es claro: seguirle significa dolor, sufrimiento y abnegación. Sí, significa todo esto más la salvación eterna. Pero ¿qué quiere decir eso de salvación eterna? Muy fácil, es la plenitud de la propia felicidad, es el cielo, vivido con Jesús y María, y todas las demás potestades.


Ya los antiguos, tenían la certeza que existía un mundo después de esta vida, por eso no tiene que extrañarnos que Jesucristo nos quiera dar como premio la vida eterna.


Con una motivación tan fuerte, el sacrificio propio queda transformado como un medio para llegar a tener la felicidad que anhelamos. Ofrezcamos los pequeños sacrificios de nuestra vida diaria, para que Dios los convierta en gracias de salvación.

viernes, 9 de mayo de 2008

Enséñanos, María a aceptar sin preguntar


1-¡Qué prueba tan dolorosa! Prepárate, Madre, para la hora del Calvario. Ahí lo perdiste por tres días terribles; pero lo recuperaste entero. Allí te lo matarán a mordiscos todos los pecados de los hombres, como rabiosos lobos. Al final, cuando pudiste recoger lo que quedaba de tu Hijo; era un muerto y un cadáver destruido desde la cabeza a los pies; la cabeza rota por las hondas espinas; la cara desfigurada por las bofetadas; el pecho y la espalada aradas por los latigazos; las manos y pies horadados por los clavos: el corazón partido por una lanza.


Perdido y hallado. Perdido y no encontrado en el callejón lóbrego de la muerte. Perdido y hallado vivo. Perdido y hallado muerto, destinado solo para el sepulcro. Y ahí terminó la muerte; en un sepulcro pétreo que impedirá acercarse a los restos del amado hijo,


2-Prepararnos a las separaciones. Vivir un cierto tiempo es separarse de algunas personas. Vivir un trecho más es separarse de más seres. Durar más tiempo es separarse uno de los que me sobreviven. Cada separación es un desgarrón. Uno muere al final desgarrado y desgarrando a alguien más.


3- ¿Por qué me buscabais? La pregunta que toca la herida abierta, haciéndola sangrar. María sangraba por aquella herida de su corazón. El doloroso por qué de María quedó acallado con el misterioso por qué del Hijo. María sabía que aquel hijo sería cada vez menos de Ella y más del Padre y de todos. María aceptó del desgarrón del hijo que se va de la casa, por ley de la vida, en este caso por ley divina. Pero aceptó sangrando.


4- María conservaba todas estas cosas en su corazón. Su corazón sangraba. Con oración y obediencia la curaba pero al mismo tiempo la abría,, porque esa herida nunca se cerró. Y de pronto un día, en el Calvario se abrió completamente y sangró a torrentes. Sólo en el cielo se ha cerrado del todo aquella herida, María ya no pregunta más; ha recibido todas las respuestas y una corona eterna por no haber preguntado indiscretamente sobre los misterios que le rodeaban.
Enséñanos, María a aceptar sin preguntar, hasta que Dios quiera ofrecernos su respuesta. Al final, todos diremos que Dios tuvo la razón, para que nuestra fe fuera meritoria.




autor P. Mariano de Blas LC

domingo, 20 de abril de 2008

Si Dios quiere...

En otros tiempos se repetía, casi como un estribillo, la frase “si Dios quiere”. Quizá alguno la usaba tantas veces que hizo que perdiese su sentido, que dejase de significar algo concreto.









Hoy en día resulta extraño escuchar a alguien que añada, al inicio o al final de su discurso,vieja frase. Esto nos permite usarla con más atención, con más conciencia, dándole todo su significado.



¿Qué significa decir “si Dios quiere”? Por un lado, significa un reconocimiento: la historia del universo no está sometida a un destino ciego ni a un indeterminismo absoluto.



Detrás de una estrella enana, de un cometa, de un planeta, de una explosión solar y de una tormenta de granizo se esconde un designio maravilloso, estupendo, lleno de misterios pero no por eso menos emocionante.



Se esconde el proyecto de un Dios que es amor, que hace todo por el bien, que ama a cada uno de sus hijos y que se manifiesta, cada día, en las mil hermosuras de la creación.



Por otro lado, significa una aceptación del propio lugar en este universo de bellezas y de fuerzas no siempre controlables por el ser humano.



Es cierto que la técnica ha logrado usar (a veces, mal usar o abusar) miles de realidades que hasta hace pocos siglos eran casi desconocidas. El uso industrial del petróleo, el aprovechamiento de la fuerza del viento, la manipulación (llena de peligros) de la energía nuclear, son algunos de esos ejemplos.



Si, además, nos asomamos al mundo de la medicina, ¡cuántas enfermedades antes incurables tienen ahora un tratamiento adecuado!



Sin embargo, y a pesar de tantos progresos, mil variables escapan a nuestro control, mil sorpresas nos dicen que la vida no es algo sometible por entero a los instrumentos de los laboratorios más perfectos.



El “si Dios quiere” no es sólo reconocer ese indeterminismo que nos inquieta (a veces, que nos alegra: aquella enfermedad, incurable según los médicos, nos sorprende porque ha desaparecido inesperadamente); es, sobre todo, reconocer que incluso en los mismos progresos de la ciencia se esconde siempre el proyecto de un Dios bueno.



“Si Dios quiere” hoy iré al trabajo, tendré un poco de buena comida en mi mesa, funcionará la computadora, no habrá cortes de corriente eléctrica, y podré visitar por la tarde a un amigo enfermo.



“Si Dios quiere” hoy podré rezar y cantar un poco el amor de ese Dios que sueña en mí y al cual un día (el día que Dios quiera) podré ver cara a cara.



“Si Dios quiere” llegará esa lluvia que deseamos desde hace meses, o brillará un sol que esperan miles de campesinos para los últimos trabajos antes de la cosecha.



“Si Dios quiere”, y abro mi corazón, pondré en marcha esa libertad que Él me ha dado con tanto cariño, para que hoy, al menos hoy, un hombre o una mujer puedan sentir que el amor es más fuerte que la muerte, gracias a un gesto mío de generosidad, de perdón, de ayuda sincera y fresca...

























Autor:P. Fernando Pascual LC

























































Fuente:http://es.catholic.net/

jueves, 10 de abril de 2008

Muchas veces no buscamos la verdad por miedo, por intereses turbios, por egoísmo, por pereza, por soberbia, por amor a la vida de placeres.


Muchas veces no buscamos la verdad por miedo, por intereses turbios, por egoísmo, por pereza, por soberbia, por amor a la vida de placeres.


Tal vez he llegado a pensar que cuando estudio si sea o no sea malo hacer “eso”, o si busco más a fondo cómo se aplica la justicia en la vida profesional, o si pregunto sobre lo que se me pide como católico, o si me abro a las riquezas del Evangelio, me estaría “cortando las alas” y perdiendo ocasiones para “crecer” y vivir según mis gustos, hasta el “extremo” de terminar con una existencia aplastada por mandamientos y normas que hoy no se estilan y que, en el fondo, tampoco me gustan...


La perspectiva cambia totalmente si vemos la verdad como un don de Alguien que nos ama. El Evangelio, con sus mensajes austeros y magníficos, nace desde un Amor maravilloso, desde el gesto del Padre que envía a su Hijo para conducirnos hacia la verdad plena y hacia la vida eterna.


Entonces, estudiar la vida de Cristo, acoger sus enseñanzas en el Evangelio, optar por ser miembros de la Iglesia católica fundada por el Maestro, se nos presenta como una aventura maravillosa, como una respuesta llena de alegría a la llamada profunda y sincera del Dios que nos hizo y que nos espera, para siempre, en el cielo.


El camino hacia la verdad se hace gustoso, se hace más sincero, llega hasta lo más profundo de una vida, si se recorre desde el amor. Por amor Dios nos dio la vida. Por amor nos ha arropado con mil gestos de cariño. Por amor nos permitió un día ir al Catecismo, leer la Biblia, participar en los Sacramentos. Por amor me tendió la mano, una y mil veces, si el pecado manchó mi corazón débil y egoísta.


Ese amor me invita, me ofrece, un camino hacia la verdad, que es vida, que es alegría, que es eternidad.Podré, entonces, iluminar mi conciencia, denunciar pecados que tal vez acariciaba con cinismo, abrirme a horizontes de generosidad que me llevan a pensar menos en mí y más en el prójimo que me necesita.


Es hermoso, cada día, caminar hacia la verdad desde el amor. Si lo hacemos, si nos dejamos encontrar, si nos dejamos guiar por el Maestro, descubriremos que nuestra vida y nuestras palabras serán muy pronto estímulo para que también otros puedan dar un paso hacia Cristo. Serán capaces, así, de descubrir esas verdades profundas que guían los senderos de mi vida: Dios nos perdona, nos ama, y nos espera, un día, en la gran fiesta de los cielos.


Autor:P. Fernando Pascual LC






























martes, 25 de marzo de 2008

Anunciar la Pascua


¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! Jesús ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»

La Cruz. La esperanza había quedado sepultada. Los discípulos huyeron (todos menos Juan). La tumba engullía el cuerpo del Maestro, mientras unas mujeres lloraban, sin comprender el porqué de aquel misterio.


Los milagros, las parábolas, los discursos, el entusiasmo de la gente. Mil recuerdos pasaban por la mente de los primeros discípulos. ¿Había sido un sueño? ¿Vivieron una ilusión vana? ¿Un engaño, un fracaso, un sinsentido?


Al tercer día, el domingo, brilló la esperanza. Son mujeres las primeras que dan el anuncio, que transmiten la noticia. Luego, el mismo Jesús, crucificado victorioso, confirma la fe de los hermanos.


Nace la Iglesia. Quienes habían sucumbido al miedo, a la angustia, a la desesperanza, escuchan con una alegría profunda, completa, palabras de consuelo: “Paz... No tengáis miedo”.


Han pasado muchos siglos. La tumba vacía es un testigo mudo de que la muerte fue vencida. La aparente derrota del Maestro se ha convertido en bandera salvadora. Los sucesores de Pedro, de Santiago, de Juan, de Pablo, han llevado, llevan y llevarán, el mensaje hasta el último rincón de la tierra, hasta el corazón que viva angustiado, triste, lejos de la dulzura de Dios.


Obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros laicos, hombres y mujeres de todas las edades, serán anunciadores, serán testigos de Cristo resucitado. No hemos de tener miedo.


Nos lo repetía Juan Pablo II, en la carta “El rápido desarrollo” (24 de enero de 2005): “¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).


¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2,9)”.


Todos podemos ser comunicadores, todos podemos dar testimonio del mensaje. Sin miedo, porque Jesús sigue aquí, a nuestro lado. Con alegría, porque el Padre nos ofrece, siempre, sin límites de tiempo, su misericordia. En la valentía que nos da el Espíritu Santo, que es Consolador, que nos defiende, que nos vivifica.


Así podremos compartir un tesoro que no es nuestro, que es para todos. Un tesoro que alguien, quizá muy cerca de mí, necesita conocer para dejar dudas y tristezas, para descubrir que el Padre nos ha amado, que nos lo ha dicho todo en Jesús, su Hijo


P. Fernando Pascual

















martes, 18 de marzo de 2008

¿Por qué el Padre elige este camino?




Martes Santo. Padre, aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras Tú.

Getsemaní es el momento de la obscuridad de la voluntad de Dios; momentos en los cuales el mismo Cristo pide que se le aparte el cáliz: “¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieras tú.”
San Marcos refleja la obscuridad que se presenta dentro del alma de Cristo. Los comentaristas de la Escritura siempre han visto aquí un momento en el cual como que Cristo viene a preguntarse: Todo lo que yo voy a hacer, ¿merecerá la pena? No hay que olvidar el tremendo realismo que supone para Cristo la encarnación, y Él no ha querido, en cierto sentido, ahorrarse ni siquiera esas obscuridades interiores de saber si verdaderamente merecería la pena todo el esfuerzo que Él iba a hacer.
Pero junto con esta obscuridad, hay también otra obscuridad en el camino de Cristo, en el alma de Cristo: ¿Por qué el Padre elige ese camino? ¿Por qué no eligió otro? La elección del camino por parte del Padre es una elección que entra dentro del misterio eterno. ¿Por qué razón la cruz, por qué tanto sufrimiento, por qué tanto dolor? Y si es tremenda la obscuridad ante el camino particularmente duro que se le muestra a Cristo, creo que hay un aspecto muy preocupante y difícil, que es el hecho de que Dios Padre busca en Él el abandono total sin condiciones. Cristo se sabe Hijo, se sabe, por lo tanto, amado por el Padre, a pesar del dolor que puede embargar el corazón, a pesar de la sangre que pueda brotar de la herida que le produce la renuncia de sí mismo. Sabe que el Padre le exige un abandono total, sin condiciones.
“Si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Cristo es consciente de que su amor por el Padre no puede tener otra opción sino la renuncia de sí mismo.
¿Qué amor sería el que desconfiara de su fuerza sobre el odio, sobre el dolor, sobre la renuncia total? Cristo se sabe amado por toda la eternidad, desde toda la eternidad, pero eso no le ahorra ni un momento de obscuridad. El relato evangélico es suficientemente claro respecto a esta obscuridad y soledad que nuestro Señor siente ante la voluntad del Padre.
Entremos en la obscuridad en el alma de Cristo. Cristo ha querido tocar todo el dolor humano, y por eso, también Cristo ha querido, como tantas almas humanas, pasar por la obscuridad, de manera que también el alma de Cristo asuma sobre sí la obscuridad y la redima por medio de la oblación libre, del ofrecimiento libre al Padre. Cristo sabe que el amor no quita del alma la presencia de la soledad purificadora, que reclama un desprendimiento absoluto de todo lo que podría haberle servido de soporte; la soledad del que tiene que lanzarse a la obscuridad, al dolor, a la angustia; la soledad del que sabe que su camino entra al desfiladero de la muerte, del despojo absoluto de toda seguridad humana; la soledad del que siente en su alma el mordisco implacable de la tristeza y de la amargura. Esa soledad que nadie puede evitar al hombre cuando quiere vivir sin pactos fáciles todas las exigencias de su identidad; una profunda soledad interior que reclama una verdadera convicción, para dar hacia adelante el siguiente paso, para darlo con decisión, con energía, porque sabe que su soledad no es excusa para no entregarse al Padre. Cristo quiere tocar la soledad de todos los hombres, de los hombres que se sienten retados por la obscuridad del alma ante la misión que se les confía. Y el alma de Cristo es consciente de que esa soledad que Él revive por su libre oblación es posible superarla a través de la oración. Y Cristo busca la oración, busca el contacto con el Padre. Cristo busca el encuentro con su Padre para fortalecerse, quizá no para superar la obscuridad. Porque no hay que olvidar que muchas veces la obscuridad no se supera sino que simplemente se soporta. Muchas veces la obscuridad no se puede quitar, no se puede arrancar del alma por mucho que se quiera. En el alma de Cristo está presente la obscuridad que proviene del dolor interior, que proviene del peso de los pecados ajenos, y Cristo se abraza a este cáliz del Señor. Cristo quiere ser capaz de corresponder a su Padre abrazándose al cáliz que se le ofrece. Cada uno de nosotros debemos preguntarnos también por todas nuestras obscuridades.
No es difícil ser fiel cuando todo es claro, cuando todo es amable. La fidelidad es difícil, más difícil todavía, cuando se realiza en la obscuridad, cuando sólo sabes que tienes que ser fiel, cuando sólo te queda la convicción de que tienes que seguir adelante. Y así es la fidelidad de Cristo en Getsemaní. “Si es posible que pase, pero no lo que yo quiera sino lo que quieras tú”.
Como dirá la carta a los Hebreos: “Aprendió con gritos y con lágrimas la obediencia, y así se constituyó en causa de salvación para todos los que le obedecen.” ¿Qué hago yo con mis noches en la obscuridad cuando no entiendo qué quieren de mí? ¿Qué hago cuando soy tomado por Dios en caminos que yo no habría escogido para mí, cuando la misión es difícil, cuando el reclamo de la misión supone dar más todavía, cuando yo pensaba que ya estaba en el borde y más no se podía dar? No tenemos que olvidar que la firmeza interior está en el homenaje de la libertad, en la ofrenda de mi libertad que se vuelve a ofrecer a Dios en medio de la obscuridad.
Esa es la fidelidad interior, esa es la firmeza de mi alma. Cristo me da el ejemplo, y Cristo es fiel a sí mismo, fiel a su identidad, fiel a su Padre y fiel a mí, aunque lo único que ve es la obscuridad de una muerte ignominiosa. Fiel, aunque sabe que lo único que lo espera es la noche, el tiempo de las tinieblas, la hora en que el poder, la fuerza, es misteriosamente entregada a los enemigos del Dios fiel que nunca abandona a sus hijos. Cristo es fiel para mí, aunque yo no vea nada, aunque no entienda, aunque a mis ojos el panorama sea sólo la obscuridad, porque la fidelidad en la obscuridad es otro nombre del amor.










































sábado, 1 de marzo de 2008

La vida de cada persona




LA VIDA DE CADA PERSONA

¡Bien dicen los Libros, hermanos míos!: la vida de cada persona
es resultado de su antigua manera de vivir;
cada mala acción pasada ocasiona penas y aflicciones,
el bien pasado engendra la felicidad...

Yo, Buda, que lloré con todas las lágrimas de mis hermanos,
mi corazón partido por las penas de todo el mundo,
¡me río y estoy contento, porque allí existe la Libertad!
¡Oíd!, ¡vosotros que sufrís!, comprended:

Sufris por lo que sois. Nadie más obliga,
nadie más determina que viváis y muráis,
y giréis sobre la rueda de la existencia, abrazando y besando
sus radios de angustia...

Antes de todo principio, y sin ningún fin jamás
como el espacio eterno, con seguridad
hay, fijo, un Poder Divino que lleva hacia el bien;
sólo sus Leyes perduran...

Aquellas que son sus pinturas en las nubes gloriosas,
y estas sus esmeraldas en la cola del pavo real;
tiene sus estaciones en los astros, sus esclavos
en los relámpagos, el viento y la lluvia...

Este es su trabajo en las cosas que veis;
son más las cosas ocultas: las emociones y la mente humana,
los pensamientos de las personas y sus costumbres y voluntades,
en estas cosas, también, la Ley manda...

No será desdeñada y burlada por nadie;
quien la frustre, pierde; y quien la sirva, gana;
ella paga con paz y dicha el bien escondido;
con dolor el mal...

No conoce ni loa ira ni el perdón;
exactísimas medidas reparte con su impecable balanza;
el tiempo no importa, mañana juzgará,
o después de muchos mañanas.

Así él mismo apuñaló el cuchillo del asesino;
el juez injusto ha perdido a su propio defensor;
la lengua traicionera condena a su misma mentira;
el ladrón cauteloso y el saqueador roban... y pagan.

Así es la Ley que lleva hacia la rectitud,
que nadie puede apartar o detener;
su corazón es el Amor, y su fin
la dulce paz y consumación. ¡Obedece!






Leido en:Del libro La Luz de Asia de Edwin Arnold


viernes, 29 de febrero de 2008

Jesús,la mejor opción en la vida


La Escritura habla constantemente de la presencia de Dios como el único, como el primero en el corazón del pueblo de Israel, y usa la imagen del escuchar, del oír para indicar precisamente esta relación entre Dios y su pueblo.


Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de todos los mandamientos?, para responder Jesús emplea las palabras de una oración que los israelitas rezan todas las mañanas: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti”.


Dentro del camino de la Cuaresma —que es el camino de conversión del corazón—, la escucha, el llegar a oír, el ser capaces de recibir la Palabra de Dios en el corazón es un elemento fundamental que se mezcla en nuestro interior con el elemento central del juicio, que es nuestra conciencia.


El profeta Oseas decía: “Ya no tendré más ídolos en mí”. Es necesario aprender a no tener más ídolos en nosotros; hacer que nuestra conciencia se vea plena y solamente iluminada por Dios nuestro Señor, que ningún otro ídolo marque el camino de nuestra conciencia. Podría ser que en nuestra vida, en ese camino de aprendizaje personal, no tomásemos como criterio de comportamiento a Dios nuestro Señor, sino como dirá el Profeta Oseas: “a las obras de nuestras manos”.Y Dios dice: “No vuelvas a llamar Dios tuyo a las obras de tus manos; no vuelvas a hacer que tu Dios sean las obras de tus manos”. Abre tu conciencia, abre tu corazón a ese Dios que se convierte en tu alma en el único Señor.


Sin embargo, cada vez que entramos en nosotros mismos, cada vez que tenemos que tomar decisiones de tipo moral en nuestra vida, cada vez que tenemos que ilustrar nuestra existencia, nos encontramos como «dios nuestro» a la obras de nuestras manos: a nuestro juicio y a nuestro criterio. Cuántas veces no hacemos de nuestro criterio la única luz que ilumina nuestro comportamiento, y aunque sabemos que es posible que Dios piense de una forma diferente, continuamos actuando con las obras de nuestras manos como si fueran Dios, continuamos teniendo ídolos dentro de nuestro corazón.


La Cuaresma es este camino de preparación hacia el encuentro con Jesucristo nuestro Señor resucitado, que, vencedor del pecado y de la muerte, se nos presenta como el único Señor de nuestro corazón. La preparación cuaresmal nos tiene que llevar a hacer de nuestra conciencia un campo abierto, sometido, totalmente puesto a la luz de Dios.


A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos, ¿qué podemos hacer para que nuestra conciencia realmente sea y se encuentre sólo con Dios en el propio interior? Recordemos el ejemplo tan sencillo de una cultura de tipo agrícola que nos da la Escritura: “Volverán a vivir bajo mi sombra”. Dios como la sombra que en los momentos de calor da serenidad, da paz, da sosiego al alma. Dios como el árbol a cuya sombra tenemos que vivir.


Tenemos que darnos cuenta de que esta ruptura interior, que se produce con todos los ídolos, con todas las obras de nuestras manos, con todos los criterios prefabricados, con todos los criterios que nosotros hemos construido para nuestra conveniencia personal, acaban chocando con el salmo: “Yo soy tu Dios, escúchame”. Él es nuestro Dios, ¿escuchamos a nuestro Dios? ¿Hasta qué punto realmente somos capaces de escuchar y no simplemente de oír? ¿Hasta qué punto hacemos de la palabra de Dios algo que se acoge en nuestro corazón, algo que se recibe en nuestro corazón? Nunca olvidemos que de la escucha se pasa al amor y de la acogida se pasa a la identificación.


Éste es el camino que tenemos que llevar si queremos estar viviendo según el primero de los mandamientos y si queremos escuchar de los labios de Jesús las palabras que le dice al escriba: “No estás lejos del reino de Dios”. Solamente cuando el hombre y la mujer son capaces de hacer de la palabra de Dios en su corazón la única luz, y cuando hacer la única luz se concreta a una escucha, a un amor identificado con nuestro Señor, es cuando realmente nuestra vida empieza a encontrarse próxima al reino de Dios. Mientras nosotros sigamos teniendo los ídolos de nuestras manos dentro del corazón, estaremos encontrarnos alejados del reino de Dios, aunque nosotros pensemos que estamos cerca.


En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser la luz auténtica que nos acerca a su Reino.

Siempre que recibamos la Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: “¡qué cerca estás de mí, Señor!”. Busquemos, pidamos que la Eucaristía se convierta en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de juicio de nuestros comportamientos.


Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas “Seré para Israel como el rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces. Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra.” Que la luz de Dios nuestro Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra vida se realiza en plenitud.


autor P. Cipriano Sánchez LC





















jueves, 28 de febrero de 2008

Escuchen mi voz




Jesucristo nuestro Señor no quiere dejarnos solos. Quiere ser Él el que nos acompañe, quiere ser Él el que camina junto a nosotros: “Escuchen mi voz y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen siempre por el camino que yo les mostraré para que les vaya bien”.


Éstas son las palabras con las que nuestro Señor exhorta al pueblo, a través del profeta, a escuchar y a seguir el camino de Dios Cristo, en el Evangelio, nos narra la parábola del hombre fuerte que tiene sus tesoros custodiados, hasta que llega alguien más fuerte que él y lo vence.


Quién sabe si nuestra alma es así: como un hombre fuerte bien armado, dispuesto a defenderse, dispuesto a no permitir que nadie toque ciertos tesoros. Sin embargo, Dios nuestro Señor —más fuerte sin duda—, quizá logre entrar en el castillo y logre arrebatarnos aquello que nosotros le tenemos todavía prohibido, le tenemos todavía vedado. Cristo es más fuerte que nosotros.


Y no es más fuerte porque nos violente, sino que es más fuerte porque nos ama más. Es el amor de Jesucristo el que llega a nuestra alma y el que viene a arrebatar en nuestro interior. Es al amor de Jesucristo el que no se conforma con un compromiso mediocre, con una vida cristiana tibia, con una vida espiritual vacía. Y Cristo quiere todo, según nuestro estado de vida: quiere todo en nuestra vida conyugal, quiere todo en nuestra vida familiar, quiere todo en nuestra vida social. “Escuchen mi voz”.


Estas palabras tienen que resonar constantemente en nosotros a lo largo del tiempo cuaresmal. Si Dios nuestro Señor ha inquietado nuestra alma, si Dios nuestro Señor no ha dejado tranquilo nuestro corazón, si nos ha buscado, si nos ha asediado, si nos ha tomado, si nos ha conquistado, no es ahora para dejarnos solitarios por la vida, sino porque el primero que se compromete a llevar adelante nuestra vocación cristiana es Él, y va a estar con nosotros.


La pregunta que nosotros tenemos que hacernos es: ¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo o estamos dispuestos a abandonarlo? Al final de la lectura del profeta Jeremías, aparece una frase muy triste: “De este pueblo dirá: Éste es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, ni aceptó la corrección; ya no existe fidelidad en Israel; ha desaparecido de su misma boca”. Está en nuestras manos dar fruto. Está en nuestras manos perseverar.


Está en nuestras manos el continuar adelante con nuestro compromiso de cristianos en la sociedad. De nosotros depende y a nosotros nos toca que Jesucristo pueda seguir caminando con nosotros, yendo a nuestro lado. El Señor vuelve a buscarnos hoy, el Señor vuelve a estar con nosotros, ¿cuál va a ser nuestra respuesta? ¿Cuál va a ser nuestro comportamiento si nuestro Señor viene a nuestro corazón? Jesús, al final del Evangelio, nos lanza un reto: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.


Un reto que es una responsabilidad: o estamos con Él y recogemos con Él; o estamos contra Él, desparramando. No nos deja alternativas.


O tomamos nuestra vida y la ponemos junto con Él, la recogemos con Él, la hacemos fructificar, la hacemos vivir, la hacemos llenarse, la hacemos ser testigos cristianos de los hombres, o simplemente nos vamos a desparramar.


¿Quién de nosotros aceptaría ver su vida desparramada? ¿Quién de nosotros toleraría que su existencia simplemente corriese? ¿No nos interesa tenerla verdaderamente rica, no nos interesa tenerla verdaderamente comprometida junto a Jesucristo nuestro Señor? Esto no se puede quedar en palabras, tenemos necesidad de llevarlo a los demás. Esto es obra de todos los días, es un compromiso cotidiano que está en nuestras manos.


Vamos a pedirle a Jesucristo que nos guíe para comprometernos con nuestra fe, para comprometernos con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. La Iglesia que se nos ha entregado, viniendo desde muchas generaciones.


La Iglesia de los mártires, la Iglesia de los apóstoles, la Iglesia de los confesores. La Iglesia que ha llegado a nosotros a través de dos mil años por medio de la sangre de muchos que creyeron en lo mismo que creemos nosotros. La Iglesia que es para nosotros el camino de santificación, y que es la Iglesia que nosotros tenemos que transmitir a las siguientes generaciones con la misma fidelidad, con la misma ilusión, con el mismo vigor con que a nosotros llegó.


Pidámosle al Señor que la podamos transmitir íntegra a las generaciones que vienen detrás y la podamos extender a las generaciones que conviven con nosotros y que todavía no conocen a Cristo.


Este compromiso no es un compromiso hacia dentro, sino que es un compromiso hacia afuera.


Un compromiso que nace de un corazón decidido, pero que tiene que transformarse en acción eficaz, en evangelización para el bien de los hombres.


Vamos a pedirle a Jesucristo que nos conceda la gracia de recoger con Él, la gracia de estar siempre a favor de Él, de escuchar su voz y de caminar por el camino que Él nos muestra, para ser entre los hombres, una luz encendida, un camino de salvación, una respuesta a los interrogantes que hay en tantos corazones, y que sólo nuestro Señor Jesucristo puede llegar a responder.


Preguntas o comentarios al autor
P. Cipriano Sánchez LC



martes, 26 de febrero de 2008

Una Pregunta




¿Qué hacer con nuestra vida?


Una pregunta que quizás nunca nos haremos, aún luego de haber transitado toda una vida en este mundo vertiginoso que no nos invita en modo particular a la reflexión, a la mirada interior. Sin embargo, nos preguntamos y discutimos apasionadamente qué hacer con nuestros hijos, con nuestras mascotas, con nuestro equipo de fútbol o con esas arrugas que insistentemente se atreven a mostrarse en el espejo.


Tener un plan de vida es tan importante como el aire que respiramos, como la comida que nos sostiene día a día. No tenerlo es una aventura tan osada como la de manejar a toda velocidad un automóvil que tiene el parabrisas y los vidrios laterales pintados de color negro, guiándose simplemente por lo que se ve por el espejo retrovisor. ¿Quién sería tan imprudente para hacerlo? Sin embargo circulamos por esta vida sin haber reflexionado sobre cual es nuestra misión en este mundo, por qué estamos aquí, qué se supone que tenemos que lograr a lo largo del recorrido.


Nos atrevemos a mirar en nuestro interior, y admirados comprendemos que cada uno de nosotros es una experiencia única e irrepetible en la historia de la humanidad, un chispazo en medio de la creación, enclavado en un punto del tiempo y del espacio. Así de maravilloso es el papel protagónico que Dios nos ha preparado en Su Guión de la historia del hombre. Nada ha escatimado El a la hora de tener sueños extraordinarios sobre nuestro potencial, a la hora de hacernos maravillosamente a Su imagen y semejanza, moldeados de polvo de estrellas, fragmentos de Cielo.


Por eso es que nuestra misión de vida es la de construir la mejor versión posible, de nosotros mismos. Auténticos y fieles a nuestra esencia, como Dios nos creó. Cada fragmento de nuestra humanidad es materia prima que debemos moldear y pulir, hasta que el plan maestro que representamos emerja y brille frente al mundo como el sol de la mañana. Esa autenticidad es una clave a la que debemos prestar suma atención, porque de ningún modo debemos intentar ser lo que no somos, apartarnos de nuestra auténtica esencia, dejar de ser nosotros mismos.


Pero, ¿como es que elaboro el plan de vida que me permita construir la mejor versión posible de mi mismo? Lo diré con calma, no te asustes: nuestra vida es, de principio a fin, un llamado a la santidad. Lo dicho, no te conmuevas ni consideres que de modo alguno esas cuestiones están alejadas de tus posibilidades. La búsqueda de la santidad no es algo que se aleje demasiado de tu vida actual, porque es un camino que se debe recorrer en tu tiempo y en tu lugar, con tus palabras y tus pensamientos. Ese ser único e irrepetible que eres se puede aproximar poco a poco a la sonrisa de Dios, a la Mirada satisfecha del que ha puesto todo de si, en ti.


Dije que la vida es un llamado a la santidad, porque es ese el sueño que Dios tiene de cada uno de nosotros, esa es la aspiración que el Papá Bueno tiene para nuestra alma. Un llamado a recorrer un camino lleno de espinas, y de preguntas sin respuestas aparentes, pero pleno de esperanza si se recorre con la mirada puesta en el lugar correcto, en mantener férreamente el deseo de estar unidos en amistad con Jesús.


La elaboración del plan de ruta será un trabajo silencioso, que surgirá al compartir horas y horas con nuestra querida amiga, la oración. Ella será nuestra compañera y consejera, porque de sus sutiles susurros nacerán las piezas que irán componiendo nuestro mapa de vida, nuestro plan de vuelo. Viviremos horas de oscuridad, y también momentos de sentirse abrazados por el Amor de Dios hasta el extremo de las lágrimas. Nos templaremos como el metal que pasa del frío al calor bajo la sabia mirada del artesano.


Y un día nos miraremos y veremos en nosotros el mismo toque maestro que el Creador nos dio, pero moldeado en la humildad, la sencillez, los silencios y las sonrisas. Sabremos que falta mucho camino por recorrer, pero con alegría comprenderemos cuan importante fue aquel día en que, empujados por el amor que todo lo puede, nos echamos a caminar. ¿Acaso hay otra cosa mejor que podamos hacer con nuestra vida?





¡¡Cumpleaños de verydiro!!

¡¡AMIGO TILDA PLAY Y ESCUCHA MÚSICA DEL ALMA!!


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¡¡Una luz contra el cáncer... no dejemos que se apague.!!

Vela contra el cancer