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domingo, 15 de marzo de 2009

CONSTRUYAMOS JUNTOS CON ESPERANZA



LA VIDA DE SAN PATRICIO

Por JUAN SANTOS GAYNOR
Sacerdote Palotino


La historia dos veces milenaria del cristianismo refleja muchos nombres célebres que han contribuido al progreso de la civilización y las artes, en virtud de la fe y la devoción que su religión les inspiraba. Entre estos hay una categoría especial, reducida ciertamente en número pero mayor en excelencia, que demuestra de una manera singular la potencia vivificadora de la gracia cristiana identificada con la naturaleza humana. Esa categoría especial de personas es la de los Santos.
¿ Qué es un santo?
Un santo es un ser humano cuyas virtudes, al término de su carrera mortal, han sido tan excelsas que merecen la imitación de los demás mortales; cuyo poder de intercesión ha sido demostrado por la cantidad de personas que han buscado esa intercesión a través de la oración y la han hallado. La Iglesia otorga este título después de examinar de cerca la vida de dicha persona y de cerciorarse de la valía de esa intercesión.
En esta categoría de hombres ilustres ubicamos a San Patricio, el apóstol de los irlandeses.
Patricio nació y vivió en una época que, en razón de cifras parece remota a la nuestra pues la historia señala el año 372 como el de su nacimiento y el 462 como el de su muerte; sin embargo la era comprendida por esas fechas, que abarcó la lenta disolución del imperio romano y los albores de un nuevo género de vida para el hombre occidental, poseyó muchas características parecidas a las del nuevo Siglo XX: un estilo de vida que envejece y muere entre estertores y agonías; otro estilo de vida que entre dolores y angustias nace a la vida.
Patricio descendía de una antigua familia de funcionarios del Imperio Romano, organización política que en el Siglo IV se extendía por todo lo que es Europa y parte del Medio Oriente y África. Los funcionarios de la Administración Imperial constituían una red humana que se extendía por todo el territorio y estaban sujetos a los traslados administrativos desde un punto del Imperio al otro; traslados que ahora implicarían el cruce de muchas fronteras, pero que en aquella época eran simples cambios de lugar. Su familia era ya de larga tradición cristiana, pues su abuelo y su padre, según Patricio nos cuenta en su Autobiografía, habían ocupado lugares importantes en las distintas colectividades cristianas por las cuales habían pasado en el curso de sus carreras administrativas.
Los historiadores discuten acerca de la ubicación del lugar donde nació San Patricio. El mismo, consigna en su autobiografía el nombre de su pueblo natal, pero resulta difícil, sino imposible, determinar si ese lugar pertenecía a la actual Francia, Escocia o Inglaterra del Sud. Lo que sabemos de cierto es que él habitó en su juventud cerca de la costa de un mar, que podría ser tanto el Océano Atlántico como el mar de Irlanda. Los Padres Palotinos Irlandeses regentean una parroquia rural del Sudoeste de Inglaterra, dentro de cuyos límites hay varios antiquísimos pueblos. En una loma que domina las aguas del canal de Bristol, situada en las inmediaciones del pueblo de Banwell la inmemorial tradición lugareña señala una pradera, carente ahora de habitación humana, de la cual se afirma que allí nació San Patricio. Efectivamente en aquella pradera, que este autor tuvo el placer de visitar, se hallan restos de una construcción muy antigua, con fragmentos de tejas romanas, y en las cercanías se ve todavía el trazado de una vía romana que, recta como la trayectoria de una flecha, conduce al puerto por donde los romanos exportaban el plomo que de esa región extraían. ¿Nació San Patricio en Banwell? Es uno de los secretos del pasado.
Lo cierto es que en un lugar de este tipo nació San Patricio y vivió con sus padres y hermanas hasta la edad de dieciséis años, época en que tuvo un lugar un hecho brutal que cambió el curso de su vida, y e los designios de la providencia, la vida de muchísimos millones de seres humanos. Antes de describir este hecho es menester referirnos a la isla de Irlanda, la avanzada más occidental de Europa hacia el Atlántico, la Ultima Thule de los antiguos geógrafos. Habitada desde el amanecer d la historia por una rama de la raza celta, aquel pueblo que se desparramó en la edad de piedra, quizás, por el occidente europeo y ha dejado retoños perdurables, que son los pueblos galaicos, los bretones, los galences, y los normandos. A excepción de los otros pueblos celtas, Irlanda nunca pasó bajo la dominación romana. Conservó su antiguo estilo de vida, su literatura autóctona, su cultura sorprendentemente elevada en algunos aspectos y su paganismo ancestral hasta la llegada de San Patricio. En la era del Santo la isla estaba dividida en cinco reinados que frecuentemente guerreaban entre sí y con los habitantes de los países continentales. A menudo bandas armadas de irlandeses cruzaban el mar de Irlanda o el Atlántico Norte hasta las costas de las Galias, arrasaban con las poblaciones, se apoderaban de sus bienes y reducían a los habitantes a la esclavitud, llevándolos de regreso a la isla en sus veloces embarcaciones impulsadas a remo.
A la edad de diez y seis años Patricio fue víctima de ese cruel destino, y en el asalto murieron sus padres; él y sus dos hermanas fueron llevados prisioneros, en calidad de esclavos hasta Irlanda. A Patricio le tocó en suerte un dueño que habitaba en Antrim, en el extremo norte de la isla y cuentan los historiadores que éste lo destinó a cuidar sus ovejas, lejos de toda habitación humana. Patricio había sido criado por sus piadosos padres en las tradiciones y los preceptos de la religión y ahora, privado del sostén de los suyos, sumergido en la pobreza y la humillación, rodeado por la naturaleza hostil y carente de todo consuelo humano, buscó aliento en las verdades de su religión heredada. Dice en su autobiografía, refiriéndose a esta etapa de su vida: "Después que llegué a Irlanda estuve dedicado a cuidar ovejas y oraba muchas veces durante el día y el amor de Dios, su fe y su temor crecieron en mí y mi espíritu se conmovía hasta el punto que diariamente rezaba un centenar de veces y durante las noches casi lo mismo y permanecí en los bosques y las montañas; antes del amanecer la nieve, el hielo y la lluvia me llamaban a oración y no sufría ningún daño de ellos, ni padecía entonces pereza alguna porque mi espíritu ardía dentro de mí"
Seis años duró el período de su cautiverio y al final de ellos una noche soñó que un barco había llegado a un puerto que distaba varios centenares de millas de ese lugar; y de inmediato huyó de manos de su injusto captor y dirigiéndose por senderos y caminos hasta entonces desconocidos por él llegó al puerto e indicó al capitán su deseo de embarcarse, el cual al principio lo rechazó duramente pero después le permitió ascender a la embarcación.
El viaje por mar duró tres días y después de tocar tierra la comitiva se internó por una región desierta. En un momento crítico de este penoso viaje, al faltarles alimento el capitán del barco, que era pagano, se dirigió a Patricio: ¿Qué dices tú Oh cristiano? Tu Dios es grande y omnipotente; ¿por qué no rezas tú?, pues perecemos de hambre y quizás no alcancemos mas a ver rostros humanos." Y Patricio le contestó: "Vuélvete sinceramente al Señor mi Dios, para quien nada es imposible y El nos mandará alimentos hasta saciarnos, pues El lo hace abundar doquier. Y efectivamente así sucedió, pues apareció una piara de cerdos, de los cuales pudieron cazar varios y alimentarse. Luego dieron gracias a Dios y cobré mucho honor entre ellos".
Después de las vicisitudes de su azaroso viaje a través del mar y del desierto, Patricio consigue reunirse con los miembros de su familia después de los seis años de amarga separación. Sin embargo, la alegría de esta reunión no llenó totalmente su corazón pues no podía olvidarse de los irlandeses, pues, a pesar del duro trato que le dispensaron y su paganismo los había aprendido a querer. Tuvo una noche un sueño misterioso en el cual le apareció un personaje que traía para él muchas cartas, y una de ellas contenía un mensaje enviado desde Irlanda por un grupo de personas cuyo trato había frecuentado ahí. Estos le reclamaban en estos términos: "Ven oh joven santo y mora de nuevo entre nosotros". Patricio interpretó este sueño como una invitación divina a que volviera a Irlanda, esta vez no en calidad de esclavo sino de predicador de la libertad cristiana. Decide en consecuencia abrazar la carrera eclesiástica y prepararse para la vida misionera.
Patricio tenía un pariente cercano que en su juventud se había convertido al cristianismo después de haber sido soldado imperial y luego, ordenado sacerdote, fundó un monasterio y finalmente fue nombrado Obispo. Era este el célebre Martín de Tours, a quien la Iglesia decoró mas tarde con el título de Santo. Patricio acude a su pariente Martín y le manifiesta cuál es el deseo de su corazón; ingresa en el Monasterio fundado por Martín, cerca de la ciudad de Tours y pasa ahí varios años, preparándose en las ciencias sagradas y en el ejercicio de la virtud. Pasa luego al monasterio de Auxerre donde el célebre San Germán había levantado una casa de estudios superiores. Allí San Patricio es ordenado sacerdote y espera pacientemente, mientras continúa con sus estudios y hace vida monacal en el establecimiento, hasta que la Providencia señale la hora para que comience su apostolado.
Era ésta la época del derrumbe del imperio Romano. La grandiosa organización imperial no se desplomó de golpe, como relatan los historiadores, sino que lenta y paulatinamente se fue disgregando, habiendo comenzado el proceso en los grandes núcleos urbanos del Imperio. El cristianismo había perneado todos estos centros urbanos y al ver ahora los cristianos que sus puntos de apoyo para la religión estaban disolviéndose, vieron la necesidad de construir una nueva cristiandad entre los pueblos bárbaros cuyo vigoroso empuje y vitalidad desbordante estaban causando la destrucción del imperio carcomido por dentro por la molicie. Pusieron su mirada en las tierras lejanas, en las tribus salvajes pero viriles aún no convertidos al cristianismo y decidieron llevarles el mensaje del Evangelio. San Celestino, el romano Pontífice de esa época, era un gran Papa misionero que decidió emprender la conversión de los habitantes de Irlanda entre quienes hasta entonces no había podido penetrar misionero alguno. Envía a Irlanda a un obispo llamado Paladio para que comenzara la tarea, el cual desembarca en la isla pero es expulsado y la tentativa fracasa. Se entera Patricio de esta iniciativa infructuosa y se siente inspirado por la Providencia a ofrecer sus servicios a la Santa Sede en vista de que toda su vida eclesiástica ha sido orientada hacia ese apostolado; posee además el valioso aporte de conocer las costumbres y el idioma de los irlandeses.
Viaja Patricio a Italia con el beneplácito y la bendición de sus superiores, se entrevista con el Papa Celestino, a quien manifiesta sus anhelos y éste lo envía consagrado ya Obispo a que emprenda la tarea. Reúne Patricio alrededor de si a un grupo de celosos misioneros y se embarca para Irlanda.
La religión de los irlandeses consistía en el culto de los dioses pues eran politeístas y creían que sus divinidades se mostraban especialmente a través de los fenómenos de la naturaleza. Los árboles, las fuentes, los ríos y las montañas eran encarnaciones y lugares de residencia de sus divinidades y los sacerdotes paganos hacían sus cultos y ofrecían sus sacrificios en las cercanías de esos objetos. A pesar de su paganismo, no era el pueblo irlandés un pueblo inculto; poseía un idioma escrito, con una literatura vasta; el pueblo era gobernado por medio de códigos administrados por jueces severos.
Patricio y sus compañeros desembarcaron en la costa oriental de Irlanda en el año 432 pero fueron resistidos por los habitantes del lugar y debieron tomar nuevamente las naves y luego de otra tentativa de desembarco cerca de la actual ciudad de Dublín, finalmente fueron acogidos en el norte del país, donde su predicación logró de inmediato algunos convertidos. Al inquirir noticias de su antiguo dueño cuyo esclavo había sido, Patricio se informó que vivía aún y emprendió viaje para entrevistarlo y convertirlo. Llegó hasta la morada donde había sido esclavo y pudo hablar con su antiguo señor, pero éste rechazó la predicación de Patricio y según cuenta la tradición, el demonio lo impulsó a suicidarse. Tuvo empero la alegría de convertir al cristianismo a varios miembros de su familia y alguno de sus antiguos compañeros.
Anualmente, alrededor de la época de Pascua, se solía celebrar una gran fiesta pagana en un punto céntrico de la isla donde acudían los reyes menores, los nobles y el pueblo, al llamado del Alto Rey. Existía una disposición, cuya violación se castigaba con la muerte, de que ninguna luz, ni ningún fuego debía encenderse en punto alguno de Irlanda mientras duraba esta fiesta hasta tanto que se encendiera el nuevo fuego en la residencia del Alto Rey y su corte.
Patricio se dirigía hacia el lugar de esta reunión, con el objeto de entrevistarse con esos grandes personajes a fin de explicarles su pacífica misión y predicarles la buena del Evangelio. Cuando estaba ya cerca del lugar, el calendario cristiano señaló la fecha para la celebración de la Resurrección del Señor, que como se sabe, exige la bendición del nuevo fuego. El y sus compañeros celebraron entonces el ritual cristiano como de costumbre pero el Alto Rey no tardó en enterarse de que contra la prohibición se había encendido un fuego con anterioridad al suyo. Airadamente hizo llamar a su presencia a este atrevido extranjero que se permitía violar tan descaradamente las leyes del lugar. Comparecieron Patricio y sus misioneros, inermes ante la corte armada, munidos sólo de sus breviarios, sus ejemplares de los libros sagrados y sus crucifijos. Le interroga el Rey acerca de sus propósitos y comprueba con extrañeza que este extranjero conoce perfectamente su idioma y sus costumbres. Patricio hace un largo alegato sobre el significado de la Resurrección del Señor que priva sobre todos los ricos y costumbres del paganismo porque ella está asentada en la verdad; aprovecha además la ocasión para explicar los otros misterios cristianos. Es escuchado con vivísima atención por todos los presentes, muchos de los cuales manifiestan su intención de estudiar mas de cerca los enunciados cristianos y de convertirse al cristianismo. No así el Alto Rey, el cual afirma que morirá en los ritos heredados de sus padres, pero sin embargo tan de cerca ha tocado a su corazón la predicación de Patricio que ha llegado al convencimiento de que su misión es pacífica y le otorga permiso para predicar libremente el cristianismo en todo el reino y le autoriza a construir iglesias y monasterios que juzgue convenientes.
Desde ese momento Patricio y sus compañeros se dedican a recorrer todo el país, predicando el Evangelio y organizando la Iglesia. Un éxito asombroso acompaña sus esfuerzos. En el espacio de pocos años todo el pueblo es bautizado e innumerables jóvenes de ambos seños ingresan en los estados monacales; el país se puebla de monasterios. Las Iglesias y Catedrales de la fé cristiana se levantan por doquier; el paganismo desaparece totalmente de la isla y el pueblo todo comienza a vivir la vida cristiana. Se señala como un hecho notable en la conversión del pueblo irlandés que a diferencia de lo acaecido en otras naciones, éste se hizo cristiano sin mártires; es decir, que el pueblo aceptó con alegría y casi con naturalidad el mensaje sobrenatural del cristianismo. Este hecho singular se debe a la gran austeridad de la vida, a los ayunos y mortificaciones, a la sinceridad patente y al evidente desinterés de Patricio y sus compañeros, los cuales impresionaron al pueblo no sólo con sus palabras sino con la muda y decisiva evidencia de sus prácticas.
Muchos lugares de Irlanda conservan todavía rastros históricos de la predicación y de la vida austera de San Patricio. Tenía él la costumbre, al visitar una localidad, de aproximarse a las fuentes y otros lugares como sagrados por los paganos. Solía impartir solemnemente la bendición cristiana a dichos lugares y predicando las verdades del cristianismo lograba que la veneración pagana, que los antepasados de sus oyentes rindieran a tales lugares y objetos, se transformara en el culto del verdadero Dios. Hasta el día de hoy se señalan muchas de esas fuentes y vertientes de agua que la religión cristiana vincula con el nombre y la autoridad de San Patricio. Existen también dos lugares donde San Patricio practicó austeridades singulares cuyo recuerdo sigue aún animando al pueblo cristiano en el respeto y en la práctica de la austeridad cristiana. Uno de esos lugares, situado en el oeste de Irlanda, es llamado el monte de Patricio y según la tradición el Santo se retiró a la cima del monte para ayunar por el espacio de cuarenta días y cuarenta noches, durante los cuales rogó constantemente que Dios le concediera tres gracias.
En un momento dado se acerca un ángel que le dice que puede interrumpir su oración porque una de las gracias está concedida, a saber, que el pueblo de Irlanda no abandonará nunca la fe cristiana.
El Santo le contesta al ángel que perseverará en la oración porque su pedido no está exhausto. Vuelve nuevamente el ángel y le comunica que la segunda gracia es concedida: que Patricio será el juez de los irlandeses el día del juicio final. De nuevo manifiesta Patricio que ha de continuar hasta que todas sus oraciones sean escuchadas.
Por tercera vez vuelve el ángel y le comunica la postrera gracia y le comunica la postrera gracia, que ningún descendiente de aquellos que él ha convertido y que han sido bautizados e invoquen a Dios en el trance, morirán impenitentes.
Anualmente se hace hasta la cima de ese monte una gran peregrinación a la que asisten centenares de miles de devotos creyentes que recuerdan esta tradición y se colocan bajo el amparo del gran nombre de San Patricio.
Existe también en una pequeña isla, ubicada en el centro de un lago - titulado el lago Rojo- un lugar de penitencia llamado el Purgatorio de San Patricio, donde se afirma que se recogió por largo tiempo el Santo para purgar en vida sus faltas e imperfecciones. A este lugar acuden en tandas, cantidades grandes de personas que durante tres días ayunan a pan y agua y dedican el día y la noche a la oración.
Patricio pasó los últimos años de su vida en la soledad, la oración y la penitencia en las cercanías de la ciudad de Armagh, donde había creado la sede primicial de Irlanda. Llegaba al término de su existencia, después de haber construido una jerarquía eclesiástica para todo el país, consagrado los Obispos que ocuparan las sedes episcopales y bendecidos los abades y las abadesas que rigieron los numerosos monasterios que él había hecho construir para albergar a los numerosísimos jóvenes y doncellas que abrazaron la vida monástica por su inspiración. Llegó finalmente la hora de cerrar sus ojos a este mundo, la hora de pasar a la eternidad para gozar interminablemente de la vista a ese Dios cuyo reino había dilatado por la dedicación constante y tesonera, cuya cruz y cuyo altar había colocado en todos los montes y las llanuras de Irlanda en reemplazo de los símbolos de la idolatría.
La elección de la ciudad de Armagh para sede primacial de Irlanda es objeto de una simpática leyenda que se halla referida en un famoso manuscrito del siglo noveno, conservado en la Biblioteca de la Trinidad en Dublín, cuyo texto es considerado como uno de los ejemplares mas bellos de la ilustración del alto medioevo. Esta narración dice que, acercándose Patricio a la ciudad de Armagh, conoció por inspiración divina que allí debía levantar una Iglesia primacial. Se dirigió a un hombre principal de la región, solicitándole que le donara un terreno para la iglesia en una colina al norte de la ciudad. Este personaje que se llamaba Daire, "hombre próspero y venerable", según el texto, no accedió al pedido y en cambio le ofreció otro mas al sur. San Patricio aceptó el ofrecimiento sin observación, pero poco tiempo después Daire fue víctima de una violenta fiebre que lo llevó hasta las puertas de la muerte y su mujer, desesperada, acudió a Patricio, el cual lo visitó, lo aspergió con agua bendita y Daire se vio librado de su peligro.
"Algún tiempo después de su curación, prosigue el relato, Daire hizo una visita a Patricio para agradecerle y cumplimentarle, llevando de regalo una caldera de bronce, traído de allende los mares. "Esto es tuyo, Oh cristiano" le dijo. Patricio aceptó el regalo, limitándose a agradecer con las palabras latinas: Deogratias.
Vuelto Daire a su casa, hizo esta reflexión: "Este extranjero es un tonto, porque no tuvo mas gratitud por un regalo tan hermoso que esa mezquina palabra". Ordenó entonces a sus sirvientes que llegaran hasta la morada de Patricio y reclamaran de vuelta la caldera. Vueltos con la caldera, Daire les preguntó que había dicho Patricio y ellos le dijeron: "Deogratias".
Entonces Daire hizo esta reflexión: "Deogratias cuando recibe, Deogratias cuando entrega. Debe ser una palabra de gran poder. "Resolvió ir personalmente a ver a Patricio, llevando de nuevo la caldera y le dijo: "La caldera quedará en tu poder, porque eres un hombre tranquilo e imperturbable. Además aquella porción de tierra que deseaste será tuya." Patricio y Daire fueron juntos a contemplar el lugar y encontraron allí un ciervo con una cervatillo, yaciendo en el punto donde está ahora el altar mayor de la Iglesia y los hombres de la comitiva quisieron cazar la cervatillo, pero Patricio se lo impidió. Se acercó al animalito, lo tomó y lo puso sobre sus hombros y seguido por el ciervo, se encaminó hasta una pradera cercana, y allí lo soltó."
Esto se halla escrito en un documento del siglo noveno. Algunos siglos mas tarde el edificio de la iglesia primacial de Armagh, levantado en el sitio elegido por San Patricio, pasó a manos del culto invasor, cuando, en el siglo dieciséis, la iglesia católica en Irlanda fue despojada de todos sus bienes. Pero llegó el día en que los católicos irlandeses pudieron reconstruir sus iglesias y catedrales y se afirma que la nueva catedral católica de Armagh se levantó en el preciso lugar donde San Patricio soltó a la cervatillo en aquel día cuando no había ningún templo del Señor en Armagh.
El año de su muerte fue el 462 y el día según la tradición, fue el 17 de marzo.
La biografía mas famosa de San Patricio, titulada "Tripartita", escrita poco tiempo después de su muerte, se refiere a su tránsito a la inmortalidad e estos términos: Hombre verdaderamente justo fue éste; de naturaleza pura como los patriarcas; peregrino verdadero como Abraham; manso como Moisés; salmista como David; émulo de la sabiduría como Salomón; vaso elegido para proclamar la verdad como Pablo; hombre lleno de gracia y conocimiento del espíritu como el amado discípulo Juan; vergel hermoso; viña fructífera; fuego ardiente; león por su fuerza y poder; paloma por su mansedumbre y humildad; serpiente en sabiduría y astucia para el bien; manso, humilde y misericordioso para los hijos de la vida; terrible a los hijos de la muerte; siervo de la labor y del servicio de Cristo; rey en dignidad y poder. Después de grandes milagros - la resucitación de los muertos, curación de los leprosos, los ciegos, los sordos y de toda suerte de enfermos; después de consagrar obispos, sacerdotes y diáconos, bautizar multitudes, fundar iglesias y monasterios; después de destruir ídolos y las artes del paganismo se acercó la hora de la muerte de Patricio. Recibió el Cuerpo del Señor de manos de un Obispo y consignó su espíritu a Dios. Su cuerpo yace aún en la tierra, honrado y reverenciado. Grande es su honor en esta tierra, pero mas grande será en el día del juicio cuando se conocerán los frutos de su enseñanza, en unión de los otros apóstoles y discípulos del Señor; en unión con los nueve coros de ángeles; en unión con la Santísima Trinidad, cuya misericordia invoca el que esto escribe por la intercesión de Patricio."
Poseemos también el texto de una oración compuesta por San Patricio, que refleja plenamente su sometimiento a la Providencia Divina y su sentido de la presencia de Dios. Esta oración es llamada el Pectoral de San Patricio porque constituye en lo espiritual lo que los pectorales, o armaduras colocadas sobre el pecho del guerrero, pretendían asegurar en el orden material.
Sus frases finales son éstas:

Cristo protégeme hoy,
Contra el veneno, contra los incendios,
Contra el agua, contra las heridas,
Para percibir el premio.
Cristo conmigo Cristo delante de mí,
Cristo detrás, Cristo dentro de mí,
Cristo por debajo, Cristo por encima,
Cristo a mi diestra, Cristo a mi izquierda,
Cristo en la fortaleza,
Cristo guiando la carroza,
Cristo en la popa del barco,
Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que habla de mí,
Cristo en todo ojo que me ve,
Cristo en todo oído que me oye.
Me obligo hoy con fuerte ligadura
A la invocación de la Santísima Trinidad,
La fe de la Trinidad en la Unidad
El creador de todos los elementos."
La cristiandad fundada por San Patricio no decayó por cierto con su muerte; al contrario, los obispos, los sacerdotes, los monjes y el pueblo entero se siguieron inspirando en las enseñanzas que él les había legado, hasta el punto que Irlanda se constituyó en faro luminoso de aquellos siglos que los historiadores suelen llamar oscuros. A las escuelas y monasterios irlandeses acudían alumnos desde todos los puntos de Europa ocupada por los bárbaros para instruirse en las ciencias sagradas y profanas, de manera que la isla era denominada Isla de Santos y doctos. Desde Irlanda, durante los siglos sexto, séptimo, octavo y noveno, partieron innumerables expediciones misioneras para evangelizar a las tribus paganas que se habían instalado en los países que antiguamente habían sido baluartes cristianos. Gran Bretaña, Escocia, Escandinavia, Las Galias, Alemania, Polonia, Italia, todos acusan la influencia del monasticismo irlandés y de su espíritu evangelizador, como consta por el elevado número de santos irlandeses que aún se veneran en dichos países. San Columbano y San Donato en Italia; San Fiacre en Francia; San Columba en Escocia; San Fridolin en Alemania; San Virgilio en Austria y otros muchos que sería largo citar, testimonian la eficacia de los misioneros irlandeses.
La firmeza en la fe que mostró San Patricio es la característica que mas firmemente se grabó en los católicos irlandeses. A pesar de todas las tentaciones y de los largos siglos de dominación política protestante, los habitantes de Irlanda permanecieron fieles a su antigua fe. En el siglo XIX y lo que va del XX las condiciones económicas de Irlanda obligaron a una parte sensible de su población a emigrar. Los hijos de San Patricio llevaron consigo su fe tradicional y en consecuencia encontramos espléndidas catedrales y templos levantados en honor del Santo de la raza en lugares tan importantes como Nueva Cork, cuya Catedral está dedicada a San Patricio. Lo mismo debe decirse de Sydney en Australia, de Wellington en Nueva Zelanda y muchas otras ciudades del nuevo mundo. Se estima que en todo el mundo hay mas de dos mil quinientas iglesias dedicadas a San Patricio. En la República Argentina se conocen once.
Un relato contemporáneo nos refiere que en una ocasión San Patricio enseñaba el dogma de la Santísima Trinidad a unos oyentes que no atinaban a retener en su memoria los términos del misterio. Se inclinó el Santo hacia el suelo y recogió una hoja de trébol y con este elemento les explicó los términos esenciales de la doctrina; la talla única, que simboliza la unidad divina, los tres pétalos que simbolizan las tres Personas en un solo Dios. El Trébol es honrado por los irlandeses, que gustan utilizarlo como elemento decorativo en sus iglesias y suelen en la recurrencia del 17 de Marzo, fiesta de San Patricio llevar unas hijas de trébol en la solapa.
Otra tradición antigua afirma que San Patricio solicitó de Dios la gracia de que Irlanda fuese para siempre liberada de insectos y serpientes ponzoñosas y que su oración fue aceptada. Por eso los artistas suelen representarlo de pie cerca de la costa del océano y ante su gesto adusto las serpientes huyen de la tierra a internarse en el mar.
Se cuenta también que en una ocasión al bautizar a un príncipe pagano el Santo afirmó, sin darse cuenta de ello, la punta acerada de su cayado episcopal en el pie del bautizando, produciéndose una profunda herida en dicho miembro. Terminada la ceremonia el Santo se percató de lo sucedido y al inquirirle al príncipe por qué no se había quejado por la herida y por el dolor, éste respondió: "Pensé que sería parte de la ceremonia".
En premio de su constancia, humildad y sencillez de espíritu el Santo le dijo: " Ni tú ni nadie de tu linaje morirán violentamente".
Los artistas sagrados suelen conmemorar esta leyenda representándolo a San Patricio con un báculo de punta acerada en su mano.
Dos escritos auténticos de la pluma de San Patricio han sobrevivido hasta el presente. Estos documentos son su "Confesión" y su "Carta a Caroticus". El primero es la autobiografía de San Patricio donde relata, hacia el fin de su vida, todas las vicisitudes de la misma, refiere las gracias que Dios le brindó, con gran humildad y sencillez se queja de su imperfecta correspondencia con los dones divinos y exhorta a sus hijos espirituales a permanecer siempre fieles a la fe que les ha predicado.
La "Carta" es una misiva a un pirata galense el cual hacía excusiones a Irlanda para capturar jóvenes y reducirlos a la esclavitud; San Patricio protesta amargamente contra esta práctica inhumana y lo amenaza con el castigo divino si no se arrepiente y se enmienda.
En San Patricio admiramos la virtud de la fidelidad. Dedicó su vida entera a la empresa de la conversión de un pueblo y a pesar de todos los inconvenientes y los obstáculos lo realizó plenamente. Admiramos también su confianza en Dios; no dispuso de medios materiales de ninguna especie en su empresa; se apoyó únicamente en la Providencia Divina que lo amparó plena y totalmente. Admiramos asimismo su humildad que lo llevó siempre a atribuir a Dios todos los prodigios y milagros que fluyeron de sus manos.
Admiramos su austeridad y su espíritu de penitencia que lo llevaron a practicar mortificaciones y penitencias que nos llenan de asombro y admiración y ojalá nos muevan a imitarlo, cada uno en la medida de lo que pueda y necesite. San Patricio, ruega por nosotros.

http://www.sanpatricio.org.ar

sábado, 24 de mayo de 2008

María Auxiliadora


Etimológicamente significa “princesa de las aguas, en lengua siria y espejo o iluminación” en lengua hebrea.


Ya en la antigua Iglesia de Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas llamaban a la Virgen Auxiliadora. San Juan Damasceno, en el 749, propagó la jaculatoria de María Auxiliadora, rogad por nosotros.


En la batalla de Lepanto, en el siglo XVI, cuando los musulmanes invadía Europa de forma intolerante para la religión, el Papa Pío V llamó a los príncipes católicos en defensa de la religión católica.


Formaron un gran ejército con el que derrotaron a los musulmanes el 7 de octubre de 1572.


Napoleón oleón encarceló al mismo Papa Pío VII. Fue entonces cuando el Papa hizo la promesa a la Virgen:" Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica".


Napoleón decía:"Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados". En los campos fríos de Rusia comprobó que sus palabras eran falsas. El Papa volvió a su sede de Roma el 24 de mayo de 1814.


Pero el gran apóstol y propagador de esta devoción mariana fue, sin duda, san Juan Bosco y la Familia Salesiana que él fundó al final del siglo XIX.


Toda su vida está íntimamente unida a la Virgen Auxiliadora. El 9 de junio de 1868 consagró en la industrial ciudad de Turín un gran templo con el título de María Auxiliadora.


Su construcción empezó con muy poco dinero. Pero debido a los milagros que se obraban en aquella basílica, la gente se volcó dando limosnas. D. Bosco solía decir:" Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Virgen".


Y todavía, en la solemne novena que tiene lugar cada año del 15 al 24 de mayo, la Familia de D. Bosco repite a menudo:" Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros". Es un título tan popular que entra, según cuentan los numerosos misioneros salesianos, en todos los países y continentes. ¡Felicidades a quienes lleven este nombre!



P. Felipe Santos






























Fuente:http://es.catholic.net

jueves, 22 de mayo de 2008

Rita de Casia, Santa


Religiosa, Abogada de Imposibles.



Vista de cerca, sin el halo de la leyenda, se nos revela el rostro humanísimo de una mujer que no pasó indiferente ante la tragedia del dolor y de la miseria material, moral y social. Su vida terrena podría ser de ayer como de hoy.
Rita nació en 1381 en Roccaporena, un pueblito perdido en las montañas apeninas. Sus ancianos padres la educaron en el temor de Dios, y ella respetó a tal punto la autoridad paterna que abandonó el propósito de entrar al convento y aceptó unirse en matrimonio con Pablo de Ferdinando, un joven violento y revoltoso. Las biografías de la santanos pintan un cuadro familiar muy común: una mujer dulce, obediente, atenta a no chocar con la susceptibilidad del marido, cuyas maldades ella conoce, y sufre y reza en silencio.
Su bondad logró finalmente cambiar el corazón de Pablo, que cambió de vida y de costumbres, pero sin lograr hacer olvidar los antiguos rencores de los enemigos que se había buscado. Una noche fue encontrado muerto a la vera del camino. Los dos hijos, ya grandecitos, juraron vengar a su padre. Cuando Rita se dio cuenta de la inutilidad de sus esfuerzos para convencerlos de que desistieran de sus propósitos, tuvo la valentía de pedirle a Dios que se los llevara antes que mancharan sus vidas con un homicidio. Su oración, humanamente incomprensible, fue escuchada. Ya sin esposo y sin hijos, Rita fue a pedir su entrada en el convento de las agustinas de Casia. Pero su petición fue rechazada.
Regresó a su hogar desierto y rezó intensamente a sus tres santos protectores, san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino, y una noche sucedió el prodigio. Se le aparecieron los tres santos, le dijeron que los siguiera, llegaron al convento, abrieron las puertas y la llevaron a la mitad del coro, en donde las religiosas estaban rezando las oraciones de la mañana. Así Rita pudo vestir el hábito de las agustinas, realizando el antiguo deseo de entrega total a Dios. Se dedicó a la penitencia, a la oración y al amor de Cristo crucificado, que la asoció aun visiblemente a su pasión, clavándole en la frente una espina.
Este estigma milagroso, recibido durante un éxtasis, marcó el rostro con una dolorosísima llaga purulenta hasta su muerte, esto es, durante catorce años. La fama de su santidad pasó los limites de Casia. Las oraciones de Rita obtuvieron prodigiosas curaciones y conversiones. Para ella no pidió sino cargar sobre sí los dolores del prójimo. Murió en el monasterio de Casia en 1457 y fue canonizada en el año 1900.




















P/D:
¡Oh gloriosa Santa Rita de Casia! Con el alma llena de confianza por los continuos favores que alcanzas del cielo, en bien de tus fieles devotos, vengo hoy a tu presencia, a rogarte que intercedas con tu Amado Esposo y Redentor del mundo, a fin de que oiga benigno lo que solicito de su gran poder e infinita misericordia. A ti, que recibiste en el transcurso de tu larga y santa vida, tantas y tan repetidas muestras de ser un alma privilegiada de su Amor, te atenderá bondadoso, si le ruegas por mí con ese ardiente fervor que siempre te animaba cuando te postrabas a orar a los pies del santo Crucifijo.

[Aquí se dice lo que se ha de pedir]
Por tus grandes méritos de pronta obediencia al dictamen de tus queridos padres: de abnegada resignación antes las asperezas de tu esposo; de caritativa y heroica inmolación de tus pequeños y amados hijos; de aguda pena al ver las dificultades que tuviste para ingresar en la morada de tus anhelos, el claustro religioso; por los intensos dolores causados por la espina en tu frente; pide, Santa Gloriosa, me otorgue lo que por tu mediación con ansia vivísima desea mi alma. Si Él quiere puede concedérmelo, pues su mano divina es omnipotente en el cielo y en la tierra.
Si fuera para mayor gloria del Altísimo y bien de mi alma, que vea presto escuchada y atendida la petición, cuyo buen resultado, a ruego tuyo, confío obtener del poder y bondad de su paternal corazón. Así sea.
Santa Rita de Casia, abogada de los imposibles, ruega por tu devoto.

[Esta frase se repite tres veces]

martes, 13 de mayo de 2008

Nuestra Señora de Fátima


En 1917, en el momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y su santuario lo visitan innumerables devotos.



Allí, la Virgen se manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, Francisco, su primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa. Tres niños campesinos muy normales, que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, con familias atentas y premurosas.



Los tres habían recibido en casa una primera instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión. Las apariciones estuvieron precedidas por un "preludio angélico": un episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que vendría.



Lucía misma, en el libro Lucia racconta Fátima (Editrice Queriniana, Brescia 1977 y 1987) relató el orden de los hechos, que al comienzo sólo la tuvieron a ella como testigo. Era la primavera de 1915, dos años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto a tres amigas. Y esta fue la primera manifestación del ángel:



Sería más o menos mediodía, cuando estábamos tomando la merienda. Luego, invité a mis compañeras a recitar conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosas. Habíamos apenas comenzado, cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una figura, como una estatua de nieve, que los rayos del sol hacían un poco transparente. "¿Qué es eso?", preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas. "No lo sé". Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella figura, que desapareció justo cuando terminábamos (ibíd., p. 45).



El hecho se repitió tres veces, siempre, más o menos, en los mismos términos, entre 1915 y 1916.



Llegó 1917, y Francisco y Jacinta obtuvieron de sus padres el permiso de llevar también ellos ovejas a pastar; así cada mañana los tres primos se encontraban con su pequeño rebaño y pasaban el día juntos en campo abierto. Una mañana fueron sorprendidos por una ligera lluvia, y para no mojarse se refugiaron en una gruta que se encontraba en medio de un olivar. Allí comieron, recitaron el rosario y se quedaron a jugar hasta que salió de nuevo el sol. Con las palabras de Lucía, los hechos sucedieron así:



... Entonces un viento fuerte sacudió los árboles y nos hizo levantar los ojos... Vimos entonces que sobre el olivar venía hacia nosotros aquella figura de la que ya he hablado. Jacinta y Francisco no la habían visto nunca y yo no les había hablado de ella. A medida que se acercaba, podíamos ver sus rasgos: era un joven de catorce o quince años, más blanco que si fuera de nieve, el sol lo hacía transparente como de cristal, y era de una gran belleza. Al llegar junto a nosotros dijo: "No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo". Y arrodillado en la tierra, inclinó la cabeza hasta el suelo y nos hizo repetir tres veces estas palabras: "Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman". Luego, levantándose, dijo: "Oren así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus súplicas". Sus palabras se grabaron de tal manera en nuestro espíritu, que jamás las olvidamos y, desde entonces, pasábamos largos períodos de tiempo prosternados, repitiéndolas hasta el cansancio (ibíd, p. 47).



En el prefacio al libro de Lucía, el padre Antonio María Martins anota con mucha razón que la oración del ángel "es de una densidad teológica tal" que no pudo haber sido inventada por unos niños carentes de instrucción. "Ha sido ciertamente enseñada por un mensajero del Altísimo", continúa el estudioso. "Expresa actos de fe, adoración, esperanza y amor a Dios Uno y Trino".



Durante el verano el ángel se presentó una vez más a los niños, invitándolos a ofrecer sacrificios al Señor por la conversión de los pecadores y explicándoles que era el ángel custodio de su patria, Portugal. Pasó el tiempo y los tres niños fueron de nuevo a orar a la gruta donde por primera vez habían visto al ángel.



De rodillas, con la cara hacia la tierra, los pequeños repiten la oración que se les enseñó, cuando sucede algo que llama su atención: una luz desconocida brilla sobre ellos. Lucía lo cuenta así: Nos levantamos para ver qué sucedía, y vimos al ángel, que tenía en la mano izquierda un cáliz, sobre el que estaba suspendida la hostia, de la que caían algunas gotas de sangre adentro del cáliz.



El ángel dejó suspendido el cáliz en el aire, se acercó a nosotros y nos hizo repetir tres veces: "Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesucristo...". Luego se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia; me dio la hostia santa y el cáliz lo repartió entre Jacinta y Francisco... (ibíd., p. 48).



El ángel no volvió más: su tarea había sido evidentemente la de preparar a los niños para los hechos grandiosos que les esperaban y que tuvieron inicio en la primavera de 1917, cuarto año de la guerra, que vio también la revolución bolchevique.



El 13 de mayo era domingo anterior a la Ascensión. Lucía, Jacinta y Francisco habían ido con sus padres a misa, luego habían reunido sus ovejas y se habían dirigido a Cova da Iria, un pequeño valle a casi tres kilómetros de Fátima, donde los padres de Lucía tenían un cortijo con algunas encinas y olivos.



Aquí, mientras jugaban, fueron asustados por un rayo que surcó el cielo azul: temiendo que estallara un temporal, decidieron volver, pero en el camino de regreso, otro rayo los sorprendió, aún más fulgurante que el primero. Dijo Lucía:



A los pocos pasos, vimos sobre una encina a una Señora, toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que irradiaba una luz más clara e intensa que la de un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesada por los rayos del sol más ardiente. Sorprendidos por la aparición, nos detuvimos. Estábamos tan cerca que nos vimos dentro de la luz que la rodeaba o que ella difundía. Tal vez a un metro o medio de distancia, más o menos... (ibíd., p. 118).



La Señora habló con voz amable y pidió a los niños que no tuvieran miedo, porque no les haría ningún daño. Luego los invitó a venir al mismo sitio durante seis meses consecutivos, el día 13 a la misma hora, y antes de desaparecer elevándose hacia Oriente añadió: "Reciten la corona todos los días para obtener la paz del mundo y el fin de la guerra". Los tres habían visto a la Señora, pero sólo Lucía había hablado con ella; Jacinta había escuchado todo, pero Francisco había oído sólo la voz de Lucía.



Lucía precisó después que las apariciones de la Virgen no infundían miedo o temor, sino sólo "sorpresa": se habían asustado más con la visión del ángel.



En casa, naturalmente, no les creyeron y, al contrario, fueron tomados por mentirosos; así que prefirieron no hablar más de lo que habían visto y esperaron con ansia, pero con el corazón lleno de alegría, que llegara el 13 de junio.



Ese día los pequeños llegaron a la encina acompañados de una cincuentena de curiosos. La aparición se repitió y la Señora renovó la invitación a volver al mes siguiente y a orar mucho. Les anunció que se llevaría pronto al cielo a Jacinta y Francisco, mientras Lucía se quedaría para hacer conocer y amar su Corazón Inmaculado. A Lucía, que le preguntaba si de verdad se quedaría sola, la Virgen respondió: "No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios". Luego escribió Lucía en su libro:



En el instante en que dijo estas últimas palabras, abrió las manos y nos comunicó el reflejo de aquella luz inmensa. En ella nos veíamos como inmersos en Dios. Jacinta y Francisco parecían estar en la parte de la luz que se elevaba al cielo y yo en la que se difundía sobre la tierra. En la palma de la mano derecha de la Virgen había un corazón rodeado de espinas, que parecían clavarse en él. Comprendimos que era el Corazón Inmaculado de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, y que pedía reparación (ibíd., p. 121).



Cuando la Virgen desapareció hacia Oriente, todos los presentes notaron que las hojas de las encinas se habían doblado en esa dirección; también habían visto el reflejo de la luz que irradiaba la Virgen sobre el rostro de los videntes y cómo los transfiguraba.



El hecho no pudo ser ignorado: en el pueblo no se hablaba de otra cosa, naturalmente, con una mezcla de maravilla e incredulidad.



La mañana del 13 de julio, cuando los tres niños llegaron a Cova da Iria, encontraron que los esperaban al menos dos mil personas. La Virgen se apareció a mediodía y repitió su invitación a la penitencia y a la oración. Solicitada por sus padres, Lucía tuvo el valor de preguntarle a la Señora quién era; y se atrevió a pedirle que hiciera un milagro que todos pudieran ver. Y la Señora prometió que en octubre diría quién era y lo que quería y añadió que haría un milagro que todos pudieran ver y que los haría creer.



Antes de alejarse, la Virgen mostró a los niños los horrores del infierno (esto, sin embargo, se supo muchos años después, en 1941, cuando Lucía, por orden de sus superiores escribió las memorias recogidas en el libro ya citado. En ese momento, Lucía y sus primos no hablaron de esta visión en cuanto hacía parte de los secretos confiados a ellos por la Virgen, cuya tercera parte aún se ignora) y dijo que la guerra estaba por terminar, pero que si los hombres no llegaban a ofender a Dios, bajo el pontificado de Pío XII estallaría una peor.



Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sabrán que es el gran signo que Dios les da de que está por castigar al mundo a causa de sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de la persecución a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, quiero pedirles la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora los primeros sábados. Si cumplen mi petición, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Si no, se difundirán en el mundo sus horrores, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia... Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se le concederá al mundo un período de paz... (ibíd., p. 122).



Después de esta aparición, Lucía fue interrogada de modo muy severo por el alcalde, pero no reveló a ninguno los secretos confiados por la Virgen.



El 13 de agosto, la multitud en Cova era innumerable: los niños, sin embargo, no llegaron. A mediodía en punto, sobre la encina, todos pudieron ver el relámpago y la pequeña nube luminosa. ¡La Virgen no había faltado a su cita! ¿Qué había sucedido? Los tres pastorcitos habían sido retenidos lejos del lugar de las apariciones por el alcalde, que con el pretexto de acercarlos en auto, los había llevado a otro lado, a la casa comunal, y los había amenazado con tenerlos prisioneros si no le revelaban el secreto. Ellos callaron, y permanecieron encerrados. Al día siguiente hubo un interrogatorio con todas las de la ley, y con otras amenazas, pero todo fue inútil, los niños no abandonaron su silencio



Finalmente liberados, los tres pequeños fueron con sus ovejas a Cova da Iria el 19 de agosto, cuando, de repente, la luz del día disminuyó, oyeron el relámpago y la Virgen apareció: pidió a los niños que recitaran el rosario y se sacrificaran para redimir a los pecadores. Pidió también que se construyera una capilla en el lugar.



Los tres pequeños videntes, profundamente golpeados por la aparición de la Virgen, cambiaron gradualmente de carácter: no más juegos, sino oración y ayuno. Además, para ofrecer un sacrificio al Señor se prepararon con un cordel tres cilicios rudimentarios, que llevaban debajo de los vestidos y los hacían sufrir mucho. Pero estaban felices, porque ofrecían sus sufrimientos por la conversión de los pecadores.



El 13 de septiembre, Cova estaba atestada de personas arrodilladas en oración: más de veinte mil. A mediodía el sol se veló y la Virgen se apareció acompañada de un globo luminoso: invitó a los niños a orar, a no dormir con los cilicios, y repitió que en octubre se daría un milagro. Todos vieron que una nube cándida cubría a la encina y a los videntes. Luego reapareció el globo y la Virgen desapareció hacia Oriente, acompañada de una lluvia, vista por todos, de pétalos blancos que se desvanecieron antes de tocar tierra. En medio de la enorme emoción general, nadie dudaba que la Virgen en verdad se había aparecido.



El 13 de octubre es el día del anunciado milagro. En el momento de la aparición se llega a un clima de gran tensión. Llueve desde la tarde anterior. Cova da Iria es un enorme charco, pero no obstante miles de personas pernoctan en el campo abierto para asegurar un buen puesto.



Justo al mediodía, la Virgen aparece y pide una vez más una capilla y predice que la guerra terminará pronto. Luego alza las manos, y Lucía siente el impulso de gritar que todos miren al sol. Todos vieron entonces que la lluvia cesó de golpe, las nubes se abrieron y el sol se vio girar vertiginosamente sobre sí mismo proyectando haces de luz de todos los colores y en todas direcciones: una maravillosa danza de luz que se repitió tres veces.



La impresión general, acompañada de enorme estupor y preocupación, era que el sol se había desprendido del cielo y se precipitaba a la tierra. Pero todo vuelve a la normalidad y la gente se da cuenta de que los vestidos, poco antes empapados por el agua, ahora están perfectamente secos. Mientras tanto la Virgen sube lentamente al cielo en la luz solar, y junto a ella los tres pequeños videntes ven a san José con el Niño.



Sigue un enorme entusiasmo: las 60.000 personas presentes en Cova da Iria tienen un ánimo delirante, muchos se quedan a orar hasta bien entrada la noche.



Las apariciones se concluyen y los niños retoman su vida de siempre, a pesar de que son asediados por la curiosidad y el interés de un número siempre mayor de personas: la fama de Fátima se difunde por el mundo.



Entre tanto las predicciones de la Virgen se cumplen: al final de 1918 una epidemia golpea a Fátima y mina el organismo de Francisco y Jacinta. Francisco muere santamente en abril del año siguiente como consecuencia del mal, y Jacinta en 1920, después de muchos sufrimientos y de una dolorosísima operación.



En 1921, Lucía entra en un convento y en 1928 pronuncia los votos. Será sor María Lucía de Jesús.



Se sabe que, luego de concluir el ciclo de Fátima, Lucía tuvo otras apariciones de la Virgen (en 1923, 1925 y 1929), que le pidió la devoción de los primeros sábados y la consagración de Rusia.



En Fátima las peticiones de la Virgen han sido atendidas: ya en 1919 fue erigida por el pueblo una primera modesta capilla. En 1922 se abrió el proceso canónico de las apariciones y el 13 de octubre se hizo pública la sentencia de los juicios encargados de valorar los hechos: "Las manifestaciones ocurridas en Cova da Iria son dignas de fe y, en consecuencia, se permite el culto público a la Virgen de Fátima".



También los papas, de Pío XII a Juan Pablo II, estimaron mucho a Fátima y su mensaje. Movido por una carta de sor Lucía, Pío XII consagraba el mundo al Corazón Inmaculado de María el 31 de octubre de 1942. Pablo VI hizo referencia explícita a Fátima con ocasión de la clausura de la tercera sesión del Concilio Vaticano II. Juan Pablo II fue personalmente a Fátima el 12 de mayo de 1982: en su discurso agradeció a la Madre de Dios por su protección justamente un año antes, cuando se atentó contra su vida en la plaza de San Pedro.



Con el tiempo, se han construido en Fátima una grandiosa basílica, un hospital y una casa para ejercicios espirituales. Junto a Lourdes, Fátima es uno de los santuarios marianos más importantes y visitados del mundo.































Fuente:http://es.catholic.net/santoraldehoy/







































P/D:La Virgen de Fátima se manifestó a tres niños campesinos, 13 de mayo


Oración de Fátima

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

viernes, 9 de mayo de 2008

Nuestra Señora de Luján


Nuestra peregrinación del día de hoy será por tierras Argentinas; viajaremos a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, situada a unos 60 kilómetros de Buenos Aires.


Haremos una breve reseña histórica para conocer el origen de este santuario Mariano que tanta importancia reviste, especialmente para el pueblo argentino.


Alrededor de 1630 un portugués de nombre Farías pidió a un amigo suyo que le mandase desde Brasil una imagen de la Concepción de María para colocarla en una capilla que estaba construyendo en Sumampa. Al poco tiempo recibió no sólo una sino dos imágenes, una bajo la advocación de la "Inmaculada Concepción" y otra de la de "Madre de Dios".


Una vez llegadas las imágenes los troperos las montaron en una carreta y emprendieron el viaje hacia el norte; se detuvieron a las orillas del río Luján para pasar la noche; pero a la mañana siguiente se dieron cuenta de que los bueyes no podían mover la carreta a pesar de que le quitaran peso. Con gran esfuerzo bajaron la caja que contenía la imagen de la Inmaculada Concepción y sólo así pudieron los animales mover la carreta. Los troperos entendieron esto como una señal de que la imagen debía quedar en ese lugar para ser venerada.


Comenzaron a divulgar lo sucedido y a venerar a la Virgen en un pequeño oratorio construido en el mismo sitio; acción a la cual Ella correspondió con varios prodigios y milagros. Pero 50 años después el lugar quedó despoblado, hasta que la señora Ana de Matos compró la imagen y la llevó a Luján, donde, ayudada por un mayordomo, un fraile carmelita y un capellán, le construyó una capilla digna.


En 1762 Juan de Lezica erigió otro templo en el cual se veneró la imagen por más de un siglo, hasta que en 1874 el P. Jorge Salvaire construyó la basílica actual en cumplimiento a un voto hecho a Nuestra Señora si lo salvaba de morir en manos de los indígenas. La basílica fue construida al estilo gótico del siglo XII con dos torres que miden 106 metros de alto. La fiesta se estableció para el día 8 de mayo.


El santuario de Luján se impone a los demás santuarios del país; se ha convertido para los argentinos no sólo en historia, sino en identidad, aun para los no católicos. Es el lugar donde se toma conciencia histórica de la patria, es decir del pasado, presente y futuro de la nación; "es principio de solidaridad de los argentinos, donde el espíritu se encarna para llamar a la Gracia a los demás mediante ese "estar juntos" en el santuario, esperando que Dios mueva los corazones con gracias de unidad, pacificación y reconciliación".


Existen algunos datos peculiares acerca de este santuario mariano de Luján, por ejemplo que es considerado por los argentinos como un lugar especial para que los niños reciban el sacramento del Bautismo; es también considerado como lugar de penitentes, pues allí se llegan para obtener la reconciliación con Dios y para pedirle el auxilio en la perseverancia en la fe y en la vida moral. Existe un sentimiento popular de que para que una visita a Luján sea "completa" se requiere confesar los propios pecados, escuchar la Palabra de Dios, acercarse a la Eucaristía y presentar la acción de gracias por medio de María.


Al lugar acuden cada año unos 8 millones de peregrinos que desean encontrar a la Madre de Dios y de profundizar en la propia fe, porque quieren ser felices como Ella que fue "dichosa por haber creído". Desde el momento de la Anunciación y de la Concepción, desde el momento del Nacimiento en la cueva de Belén, Ella siguió todos los pasos de Jesús en su maternal peregrinación de fe; a través de su vida en Nazaret, durante la separación externa, y sobre todo en el Gólgota.


En noviembre de 1995 los obispos argentinos que hicieron su visita "ad limina" a Roma llevaron consigo la estatua de Nuestra Señora de Luján para que fuese bendecida por el Papa Juan Pablo II. En octubre de 1998, durante su visita a la Iglesia Nacional Argentina de Roma - que concluyó con la entronización de la Virgen de Luján-, el Santo Padre expresó su afecto especial por el pueblo argentino y profundizó en la maternidad espiritual de María.


La Santísima Virgen María juega un papel decisivo en la tarea de la Nueva Evangelización del continente Americano; a Ella debemos pedir que todo cristiano se convierta en protagonista del mundo nuevo que Jesús, Señor de la Historia vino a proponernos.


Esperamos que esta visita al Santuario de Luján les haya servido para reavivar ese deseo de crecer en la fe, que es común a todos los peregrinos que lo visitan. La próxima ocasión iremos hasta Cuba, al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

























Fuente:http://es.catholic.net/turismoreligioso/675/2898/articulo.php?id=3463










P/D:Nuestra peregrinación del día de hoy será por tierras Argentinas; viajaremos a la Basílica de Nuestra Señora de Luján






martes, 29 de abril de 2008

Catalina de Siena, Santa



Lo que más maravilla en la vida de Santa Catalina de Siena no es tanto el papel insólito que desempeñó en la historia de su tiempo, sino el modo exquisitamente femenino con que lo desempeñó. Al Papa, a quien ella llamaba con el nombre de “dulce Cristo en la tierra”, le reprochaba la poca valentía y lo invitaba a dejar Aviñón y regresar a Roma, con palabras humanísimas como éstas: “¡Animo, virilmente, Padre! Que yo le digo que no hay que temblar”. A un joven condenado a muerte y a quien ella había acompañado hasta el patíbulo, le dijo en el último instante: “¡a las bodas, dulce hermano mío! que pronto estarás en la vida duradera”.


Pero la voz sumisa de la mujer cambiaba de tono y se traducía frecuentemente en ese “yo quiero” que no admitía tergiversaciones cuando entraba en juego el bien de la Iglesia y la concordia de los ciudadanos. Catalina nació en Siena (Italia) el 25 de marzo de 1347 y era la vigésimo cuarta hija de Santiago y Lapa Benincasa. A los siete años celebró su místico matrimonio con Cristo. Esto no se debió a fantasías infantiles, sino que era el comienzo de una extraordinaria experiencia mística, como se pudo comprobar después . A los quince años entró a la Tercera Orden de Santo Domingo, comenzando una vida de penitencia muy rigurosa. Para vencer la repugnancia hacia un leproso maloliente, se inclinó y le besó las llagas.


Como no sabía leer ni escribir, comenzó a decir a varios amanuenses sus cartas, afligidas y sabias, dirigidas a Papas, reyes, jefes y a humilde gente del pueblo. Su valiente compromiso social y político suscitó no pocas perplejidades entre sus mismos superiores y tuvo que presentarse ante el capítulo general de los dominicos, que se celebró en Florencia en mayo de 1377, para explicar su conducta.


En Siena, en el recogimiento de su celda, dictó el “Diálogo sobre la Divina Providencia” para tributar a Dios su último canto de amor. En los comienzos del gran cisma aceptó el llamamiento de Urbano VI para que fuera a Roma. Aquí se enfermó y murió rodeada de sus muchos discípulos a quienes recomendó que se amaran unos a otros. Era el 29 de abril de 1380: hacía un mes que había cumplido 33 años. Fue canonizada el 29 de abril de 1461. En 1939 fue declarada patrona de Italia junto con San Francisco de Asís, y el 4 de octubre de 1970 Pablo VI la proclamó doctora de la Iglesia.























P/D:
ORACIÓN A SANTA CATALINA
¡Oh gloriosa virgen Catalina!, a medida que os consideramos reconocemos en vos a la Mujer Fuerte de los Libros Santos, el prodigio de vuestro siglo, la antorcha luminosa de la Iglesia, la criatura dotada de incomparables dones y que supo reunir las dulces y modestas virtudes de las vírgenes prudentes a la intrepidez y al valor de los héroes. Volved, os rogamos, desde el cielo, vuestros ojos sobre la barca de Pedro, agitada por la tempestad, y sobre su augusto jefe, que ora, vela, gime, exhorta, combate y espera. Mostrad hasta donde llega vuestro poder cerca de Dios, obteniéndonos a todos el celo para adelantar en las virtudes evangélicas, especialmente en la humildad, la prudencia, la paciencia, la bondad y la diligencia en la práctica de los deberes de nuestro estado.
Mantened la concordia de nuestra gran familia y convertid a la Fe a los incrédulos del mundo entero; obtened para nuestra patria la paz verdadera, es decir cristiana, para nuestra Santa Madre la Iglesia el triunfo completo sobre el mal, por la Verdad, el sacrificio y la caridad. Amén.
NOVENA BREVE

Oh maravilloso portento de la Iglesia, virgen seráfica, Santa Catalina, por tu extraordinaria virtud y el bien que lograste para la Iglesia y la sociedad, eres aclamada y bendecida por todo el mundo. Oh, vuelve tu generoso rostro hacia mi, quien, confiado en tu poderoso patrocinio, te llama con todo el ardor y afecto suplicándote que obtengas, a través de tus plegarias, los favores que tan ardientemente deseo (pedir aquí lo que se desea).
Tu, que fuiste una víctima de la caridad, que para beneficiar a tu prójimo obtuviste de Dios los más asombrosos milagros llegando a ser la alegría y la esperanza de todos, tu no puedes dejar de ayudar escuchando las oraciones de aquellos que a tu corazón acuden -el corazón que recibiste del divino redentor en éxtasis celestial.
Si, oh seráfica virgen, demuestra una vez más prueba de tu poder y de tu resplandeciente caridad, para que tu nombre sea por siempre más bendito y exaltado. Concédenos, que habiendo experimentado tu más eficaz intercesión aquí en la tierra, podamos un día darte las gracias en el cielo y disfrutar contigo de la felicidad

ORACIÓN

Bendita y amada del Señor, y gloriosa santa Catalina: por aquella felicidad que recibisteis de poder unirte a Dios y prepararte para una santa muerte, alcanzadme de su divina Majestad la gracia de que purificando mi conciencia con los sufrimientos de la enfermedad y con la confesión de mis pecados, merezca disponer mi alma, confortándola con el trance terrible de la muerte, y poder volar por ella a la eterna bienaventuranza de la gloria. Así sea

sábado, 19 de abril de 2008

Expedito, Santo


San Expedito fue comandante de una legión romana y como tal defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge.


Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio, en forma de un cuervo que le gritaba "cras, cras cras" (En latín significa "Mañana, Mañana, Mañana"). Así trataba de persuadirlo a que dejase su decisión para después ya que el demonio sabe que lo que se deja para mañana hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer. Pero Expedito aplastó al cuervo tentador con prontitud diciendo "¡HODIE, HODIE, HODIE!" (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano". Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento su valor y disciplina para el Reino de Dios.


Aunque se desconoce el origen su nombre, aparece en la Martiriología Romana junto a Hermógenes y compañeros. Su nombre es sinónimo con prontitud y se le tiene por gran y pronto intercesor.


A san Expedito se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo mas importante es renunciar a la vida de pecado y decidirnos cabalmente por Cristo. Seamos pues inspirados por su prontitud y valor al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias cuando los cristianos eran perseguidos a muerte.


Que nosotros también digamos "HOY" a Jesús y aplastemos los engaños del tentador. También se le venera como protector de jóvenes, estudiantes, enfermos, problemas laborales y de familia, y juicios.


En la iconografía, Expedito es representado como un soldado con una cruz en la que esta escrito "Hodie" (Hoy) y la hoja de palma (martirio). A sus pies hay un cuervo y la palabra "cras" (mañana).


Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia.












































P/D:GRACIAS POR TODAS TUS BENDICIONES...




ORACION A SAN EXPEDITOPARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!

¡Virgen Santísima socórreme!

San Expedito, tu que lleno de valor abrirste tu corazón a la gracia de Dios

y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega,

ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.

Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio y tentación con el poder que Jesús me da.

Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor,

y no me acobarde ante las pruebas.

Tú que eres el santo de las causas urgentes,

te presento mi necesidad (intención).

Sobre todo te pido que intercedas por mi para que persevere en la fe,

y así llegue al gozo del cielo con Cristo,

con la Virgen María,los ángeles y los santos.

Amén

martes, 18 de marzo de 2008

San Patricio



San PatricioPatrón de IrlandaFiesta: 17 de marzo


"Yo era como una piedra en una profunda mina; y aquel que es poderoso vino, y en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared."


-San Patricio


Ver también: De su confesión: "Muchos pueblos renacieron a Dios por mí"


Nacido en Gran Bretaña (Bennhaven Taberniae (pueblecito de Escocia que hoy no se encuentra en los mapas) hacia el 385, muy joven fue llevado cautivo a Irlanda, y obligado a guardar ovejas.


Recobrada la libertad, abrazó el estado clerical y fue consagrado obispo Irlanda, desplegando extraordinarias dotes de evangelizador, y convirtiendo a la fe a numerosas gentes, entre las que organizó la Iglesia. Murió el año 461, en Down, llamado en su honor Downpatrik (Irlanda).


No se conoce con exactitud los datos cronológicos del Apóstol de Irlanda. Por lo que el santo dice de si mismo, se supone que era de origen romano-bretón. Su padre Calpurnio era diácono y oficial del ejercito romano; su madre era familia de San Martín de Tours; su abuelo había sido sacerdote ya que en aquellos tiempos no se había impuesto aún la ley del celibato sacerdotal en todo el occidente.


Se afirma que fue alrededor del año 403, a la edad de 16 años, que cayó prisionero de piratas junto con otros jóvenes para ser vendido como esclavo a un pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. Lo sirvió cuidando ovejas. Trató de huir varias veces sin éxito.


La Divina Providencia aprovechó este tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para espiritualizarlo, preparándolo para el futuro, ya que el mismo dijo que hasta entonces "aún no conocía al verdadero Dios", queriendo decir que había vivido indiferente a los consejos y advertencias de la Iglesia.


Se cree que el lugar de su cautiverio fue en las costas de Mayo, al borde del bosque de Fochlad (o Foclut). De ser así, el monte de Crochan Aigli, que fue escenario del famoso ayuno de San Patricio, también fue el lugar donde vivió los tristes años de su juventud.


Lo mas importante es que para entonces, como el lo dice: "oraba de continuo durante las horas del día y fue así como el amor de Dios y el temor ante su grandeza, crecieron mas dentro de mí, al tiempo que se afirmaba mi fe y mi espíritu se conmovía y se inquietaba, de suerte que me sentía impulsado a hacer hasta cien oraciones en el día y, por la noche otras tantas. Con este fin, permanecía solo en los bosques y en las montañas. Y si acaso me quedaba dormido, desde antes de que despuntara el alba me despertaba para orar, en tiempos de neviscas y de heladas, de niebla y de lluvias. Por entonces estaba contento, porque lejos de sentir en mi la tibieza que ahora suele embargarme, el espíritu hervía en mi interior".


Después de seis años en tierra de Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara sobre su futuro, una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir. Huyendo, caminó mas de 300 kilómetros para llegar a la costa. Encontró el barco, pero el capitán se negaba rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas, hasta que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán accedió a llevarlo hasta Francia. La travesía fue aventurada y peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron tierra en un lugar deshabitado de la costa, caminaron un mes sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron. Patricio narra esa aventura diciendo:"llegó el día en que el capitán de la nave, angustiado por nuestra situación, me instaba a pedir el auxilio del cielo. '¿Cómo es que nos sucede esto, cristiano? Dijiste que tu Dios era grande y todopoderoso, ¿por qué entonces no le diriges una plegaria por nosotros, que estamos amenazados de morir por hambre? Tal vez no volvamos a ver a un ser humano…' A aquellas súplicas yo respondí francamente: 'Poned toda vuestra confianza y volved vuestros corazones al Señor mi Dios, para quien nada es imposible, a fin de que en este día os envíe vuestro alimento en abundancia y también para los siguientes del viaje, hasta que estéis satisfechos puesto que El tiene de sobra en todas partes'. Fue entonces cuando vimos cruzar por el camino una piara de cerdos; mis compañeros los persiguieron y mataron a muchos. Ahí nos quedamos dos noches y, cuando todos estuvieron bien satisfechos y hasta los perros que aún sobrevivían, quedaron hartos, reanudamos la caminata. Después de aquella comilona todos mostraban su agradecimiento a Dios y yo me convertí en un ser muy honorable a sus ojos. Desde aquel día tuvimos alimento en abundancia."


Finalmente llegaron a lugar habitado y así Patricio quedó a salvo a la edad de veintidós o veintitrés años y volvió a su casa. Con el tiempo, durante las vigilias de Patricio en los campos, se reanudaron las visiones y, a menudo, oía "las voces de los que moran mas allá del bosque Foclut, mas allá del mar del oeste y así gritaban todas al mismo tiempo, como si salieran de una sola boca, estas palabras: 'Clamamos a ti, Ho joven lleno de virtudes, para que vengas entre nosotros nuevamente' ". "Eternas gracias deben dársele a Dios, agrega, porque al cabo de algunos años el Señor les concedió aquello por lo que clamaban".


No hay ninguna certeza respecto al orden de los acontecimientos que se produjeron desde entonces.
Los primeros biógrafos del santo dicen que Patricio pasó varios años en Francia antes de realizar su trabajo de evangelización en Irlanda. Existen pruebas firmes de que pasó unos tres años en la isla de Lérins, frente a Canes, y después se radicó en Auxerre durante quince años mas. También hay sólidas evidencias de que tenía buenas relaciones personales con el obispo San Germán de Auxerre. Durante este tiempo le ordenaron sacerdote.


Algunos historiadores sostienen, que en esa época hizo un viaje a Roma y que, el Papa Celestino I fue quien le envió a Irlanda con una misión especial, ya que su primer enviado Paladio nunca logró cumplir porque a los doce meses de haber partido murió en el norte de Britania. Para realizar esa misión encomendada por el Pontífice, San Germán de Auxerre consagró obispo a Patricio.


Puesto que dependemos de datos confusos, legendarios y muchas veces contradictorios, de sus primeros biógrafos, es materialmente imposible obtener detalles del heroico trabajo en las tierras donde había estado cautivo. La tradición afirma que trabajó en el norte, en la región de Slemish, que dicen fue la misma donde Patricio cuidaba el ganado y oraba a Dios cuando era un joven esclavo. Una anécdota que antiguamente la tenían por auténtica en Irlanda relata que cuando el amo se enteró del regreso de Patricio convertido en venerado predicador, se puso tan furioso que prendió fuego a su propia casa, pereciendo en medio de las llamas.


Se afirma que, a su arribo a tierras irlandesas, San Patricio permaneció una temporada en Ulster, donde fundó el monasterio de Saúl y que con la energía que lo caracterizaba se propuso la tarea de conquistar el favor del "Gran Rey" Laoghaire, que vivía con su corte en Tara, de la región de Meath.


Utilizaba un lenguaje sencillo al evangelizar. Por ejemplo, para explicarles acerca de la Santísima Trinidad, les presentaba la hoja del trébol, diciéndoles que así como esas tres hojitas forman una sola verdadera hoja, así las tres personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero. Todos lo escuchaban con gusto, porque el pueblo lo que deseaba era entender.


San Patricio y sus enemigos


Sus acérrimos opositores fueron los druidas, representantes de los dioses paganos. También sufrió mucho a manos de los herejes pelagianos, que para arruinar su obra recurrieron inclusive a la calumnia. Para defenderse, Patricio escribió su Confessio. Por fortuna poseemos una colección bastante nutrida de esos escritos, que nos muestra algo de el mismo, como sentía y actuaba.


Circulaba entre los paganos un extraño vaticinio, una profecía, respecto al santo, que Muirchu, su historiador nos transmite textualmente así: "Cabeza de azuela (referencia a la forma aplanada de la cabeza tonsurada) vendrá con sus seguidores de cabezas chatas, y su casa (casulla o casuela, es decir casa pequeña) tendrá un agujero para que saque su cabeza. Desde su mesa clamará contra la impiedad hacia el oriente de su casa. Y todos sus familiares responderán, Amén, Amén". Los augurios agregaban esto todavía: "Por lo tanto, cuando sucedan todas estas cosas, nuestro reino, que es un reinado de idolatría, se derrumbará".


En la evangelización, San Patricio puso mucha atención en la conversión de los jefes, aunque parece ser que el mismo rey Laoghaire no se convirtió al cristianismo, pero si, varios miembros de su familia. Consiguió el amparo de muchos jefes poderosos, en medio de muchas dificultades y constantes peligros, incluso el riesgo de perder la vida (mas de cinco veces) en su trato con aquellos bárbaros. Pero se notaba que había una intervención milagrosa de Dios que lo libraba de la muerte todas las veces que los enemigos de la religión trataban de matarlo. En un incidente que ocurrió en misión, su cochero Odhran, quizás por algún presentimiento, insistió en reemplazar al santo en el manejo de los caballos que tiraban del coche, por consiguiente fue Odhram quien recibió el golpe mortal de una lanza que estaba destinada a quitarle la vida a San Patricio.


No obstante los contratiempos, el trabajo de la evangelización de Irlanda, siguió firme. En varios sitios de Irlanda, construyó abadías, que después llegaron a ser famosas y alrededor de ellas nacieron las futuras ciudades. En Leitrim, al norte de Tara, derribó al ídolo de Crom Cruach y fue uno de los lugares donde edificó una de las iglesias cristianas. En la región de Connaught, realizó cosas notables. En la población de Tirechan se conservó para la posteridad la historia de la conversión de Ethne y Fedelm, hijas del rey Laoghaire. También existen las narraciones de las heroicas predicaciones de San Patricio en Ulster, en Leinster y en Munster.


Por su santidad, manifiesta en su carácter su lenguaje sencillo al evangelizar y por el don de hacer milagros, San Patricio logró muchas victorias sobre sus oponentes paganos y hechiceros.

Ese triunfo le sirvió para que los pobladores de Irlanda se abrieran a la predicación del cristianismo. De hecho hacen referencias en los textos del Senchus Mor (el antiguo código de las leyes irlandesas) a cierto acuerdo concertado en Tara entre los paganos y el santo y su discípulo San Benigno (Benen). Dicen esos libros que "Patricio convocó a los hombres del Erin para que se reunieran todos en un sitio a fin de conferenciar con él. Cuando estuvieron reunidos, se les predicó el Evangelio de Cristo para que todos lo escucharan. Y sucedió que, en cuanto los hombres del Erin escucharon el Evangelio y conocieron como este daba frutos en el gran poder de Patricio demostrado desde su arribo y al ver al rey Laoghaire y a sus druidas asombrados por las grandes maravillas y los milagros que obraba, todos se inclinaron para mostrar su obediencia a la voluntad de Dios y a Patricio".


Hay muchas fantasías sobre las confrontaciones de San Patricio con los magos druidas pero también hay relatos que tienen un trasfondo sin duda histórico. Dicen que un Sábado Santo, cuando nuestro santo encendió el fuego pascual, se lanzaron con toda su furia a apagarlo, pero por más que trataron no lo lograron. Entonces uno de ellos exclamó: "El fuego de la religión que Patricio ha encendido, se extenderá por toda la isla". Y se alejaron. La frase del mago se ha cumplido; la religión católica se extendió de tal manera por toda Irlanda, que hoy sigue siendo un país católico, iluminado por la luz de la religión de Cristo, y que a su vez a dado muchos misioneros a la Iglesia.


El Sínodo


Hay muchas y buenas razones para creer que San Patricio convocó a un sínodo, seguramente en Armagh, no se mencionó el sitio. Muchos de los decretos emitidos en aquella asamblea, han llegado hasta nosotros tal como fueron redactados, aunque no cabe dudas que a varios de ellos se le hicieron añadiduras y enmiendas. En esa época San Patricio era ya un anciano con la salud quebrantada por el desgaste físico de sus austeridades y de sus treinta años de viajes de evangelización. Probablemente el sínodo haya tenido lugar cuando los días del santo ya estaban contados


Vida de Santidad


Solo llegaremos a comprender el hondo sentimiento humano que tenía el santo y el profundo amor a Dios que lo animaba, si estudiamos detenidamente sus escritos contenidos en las "Confesiones", la Lorica y la carta a Coroticus de San Patricio. Conoceremos el secreto de la extraordinaria impresión que causaba a los que lo conocían personalmente. Patricio era un hombre muy sencillo, con un gran espíritu de humildad. Decía que su trabajo misionero era la simple actuación de un mandamiento divino y que su aversión contra los pelagianos se debía al absoluto valor teológico que él atribuía a la gracia. Era profundamente afectuoso, por lo que vemos en sus escritos referirse tantas veces al inmenso dolor que le produjo separarse de su familia de sangre y de su casa, a la que le unía un gran cariño. Era muy sensible, le hacía sufrir mucho que digan que trabajaba en la misión que había emprendido para buscar provecho propio, por eso insistía tanto en el desinterés que lo animaban a seguir trabajando.


De sus Confesiones:


"Incontables dones me fueron concedidos con el llanto y con las lágrimas. Contrarié a mis gentes y también, contra mi voluntad, a no pocos de mis mayores; pero como Dios era mi guía, yo no consentí en ceder ante ellos de ninguna manera. No fue por mérito propio, sino porque Dios me había conquistado y reinaba en mí. Fue El quien se resistió a los ruegos de los que me amaban, de suerte que me aparté de ellos para morar entre los paganos de Irlanda, a fin de predicarles el Evangelio y soportar una cantidad grande de insultos por parte de los incrédulos, que me hacían continuos reproches y que aun desataban persecuciones contra mí, en tanto que yo sacrificaba mi libertad en su provecho. Pero si acaso se me considera digno, estoy pronto a dar hasta mi vida en nombre de Dios, sin vacilaciones y con gozo. Es mi vida la que me propongo pasar aquí hasta que se extinga, si el Señor me concede esa gracia".


La santidad da frutos


El buen éxito de la misión de San Patricio se debe ante todo a su fe por la que se disponía a cualquier sacrificio y a la inteligente organización que supo crear en esa isla, carente de ciudades y dividida en muchas tribus o clanes, dirigidos por un jefe independiente cada una. El supo adaptarse a las condiciones sociales del lugar, formando un clero local, consagró obispos y sacerdotes y fundo monasterios y pequeñas comunidades cristianas dentro del mismo clan, sin rechazar usos ni costumbres tradicionales. Tuvo la feliz idea de que el obispo de cada región fuera al mismo tiempo el Abad o superior del monasterio más importante del lugar, así cada obispo era un fervoroso religioso y tenía la ayuda de sus monjes para enseñar la religión al pueblo. Las vocaciones que consiguió para el sacerdocio y la vida religiosa fueron muchísimas.


La obra de evangelización pudo progresar rápidamente gracias también a que San Patricio atrajo muchos discípulos fieles, como Benigno quién estaba destinado a sucederle. Siempre fue muy fiel a la Iglesia y, a pesar de la distancia, el santo se mantenía en contacto con Roma. En el año 444 se fundó la iglesia catedral de Armagh (hoy Armoc), la sede principal de Irlanda, dato que está asentado en los "Anales de Ulster". Es probable que no haya pasado mucho tiempo antes que Armagh se convirtiera en un gran centro de educación y administración.


San Patricio, en el transcurso de 30 años de apostolado, convirtió al cristianismo a "toda Irlanda". El propio santo alude, mas de una vez, a las "multitudes", a los "muchos miles" que bautizó y confirmó. "Ahí", dice San Patricio, "donde jamás se había tenido conocimiento de Dios; allá, en Irlanda, donde se adoraba a los ídolos y se cometían toda suerte de abominaciones, ¿cómo ha sido posible formar un pueblo del Señor, donde las gentes puedan llamarse hijos de Dios? Ahí se ha visto que hijos e hijas de los reyezuelos escoceses, se transformen en monjes y en vírgenes de Cristo". Sin embargo, como es lógico pensar, el paganismo y el vicio no habían desaparecido por completo. En las "Confesiones", que fueron escritas hacia el fin de su vida, dice el santo: "A diario estoy a la espera de una muerte violenta, de ser robado, de que me secuestren para servir como esclavo, o de cualquier otra calamidad semejante". Pero más adelante agrega: "Me he puesto en manos del Dios de misericordia, del Todopoderoso Señor que gobierna toda cosa y, como dijo el profeta: 'Deja tus cuidados con el Señor y El proveerá la manera de aliviarlos". En esta confianza estaba, sin duda su incansable valor y la firme decisión de San Patricio a lo largo de su heroica carrera. Su fortaleza de no permitir a los enemigos del catolicismo que propagaran por allí sus herejías, fue una de las razones para que Irlanda se haya conservado tan católica.


La obra del incansable misionero dio muchos frutos con el tiempo: Lo vemos en el maravilloso florecimiento de santos irlandeses. Logró reformar las leyes civiles de Irlanda, consiguió que la legislación fuera hecha de acuerdo con los principios católicos, lo cual ha contribuido a que esa nación se haya conservado firme en la fe por mas de 15 siglos, a pesar de todas las persecuciones.
Según un cronista de Britania, Nennius, San Patricio subió a una montaña a rezar y hacer ayuno y "desde aquella colina, Patricio bendijo al pueblo de Irlanda y, el objeto que perseguía al subir a la cima, era el de orar por todos y el de ver el fruto de sus trabajos…Después, en edad bien avanzada, fue a recoger su recompensa y a gozar de ella eternamente. Amén". Patricio murió y fue sepultado en el año 461, en Saúl, región de Stragford Lough, donde había edificado su primera iglesia.


































P/D:




La coraza de san Patricio




Cristo conmigo,


Cristo ante mí,


Cristo tras de mí,


Cristo en mí,


Cristo bajo mí,


Cristo sobre mí,


Cristo a mi derecha,


Cristo a mi izquierda,


Cristo cuando me acuesto,


Cristo cuando me siento,


Cristo cuando me levanto,


Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí,


Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí


,Cristo en todo ojo que me ve,


Cristo en todo oído que me escucha.Amén.

sábado, 15 de marzo de 2008

San Jose



Esposo de la Virgen María, 15 de marzo de 2008, normalmente se celebra el 19 de marzo

Esposo de la Virgen MaríaMarzo 19

Fiesta 15 de marzo de 2008, normalmente se celebra el 19 de marzo, pero por ser semana santa se cambia de día Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.
El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.
Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”.
San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor. Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.
Autor: P. Ángel Amo
P/D:
San José, patrón de los trabajadores. (Oración del Papa Juan XXIII)

Oh José, tú que sufriste el peso del cansancio y la fatiga para procurar el sustento de Jesús y María, protege nuestro trabajo, aleja todo peligro; no permitas que nos falte el medio de alimentar dignamente a la familia. Alivia la angustia de los desempleados y la ansiedad de los inmigrantes; haz que en el respeto de los derechos y en la dignidad del trabajo,podamos imitar con tu ejemplo en nuestra vida los designios ocultos que Dios nos ha reservado. Amén

¡¡Cumpleaños de verydiro!!

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