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jueves, 18 de febrero de 2010

Homenaje a Horacio Quiroga

A la deriva
Cuento Completo
Horacio Quiroga
El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña!

Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.

-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!

-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.

-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!

La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.

-Bueno; esto se pone feo -murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso.
Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.

Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle.La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.

Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentose en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito -de sangre esta vez- dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa.
El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.

La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.

-¡Alves! -gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.

-¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! -clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.

El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.

El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.

El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.

El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.

¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.

Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho.

¿Qué sería? Y la respiración...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...

El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.

-Un jueves...

Y cesó de respirar.

FIN

martes, 6 de mayo de 2008

Sigmund Freud


(Freiberg, 1856 - Londres, 1939) Neurólogo austriaco, fundador del psicoanálisis. El hombre que habría de revolucionar la psicología clínica y la psiquiatría, se inclinó relativamente tarde hacia el estudio de la Medicina. Se matriculó en la Facultad vienesa de esta ciencia (su familia se había trasladado a Viena en 1859) tras la lectura de las obras de Darwin y de un ensayo de Goethe.


Graduado en 1881, se interesó al principio por la fisiología del sistema nervioso y la anatomía cerebral. Obtenida en 1885 la habilitación para la enseñanza libre de la neuropatología, se dedicó, no obstante, muy pronto a la psiquiatría y marchó aquel mismo año a París para seguir los cursos de Charcot en la Salpétrière, estudiar sus teorías y familiarizarse con las técnicas hipnóticas empleadas por éste en el tratamiento del histerismo y de otros trastornos nerviosos.


Vuelto a Viena (1886), contrajo matrimonio con Martha Bernays, y luego regresó, aun cuando por breve tiempo, a Francia, a fin de aprender en Nancy los métodos hipnosugestivos de cura de Bernheim. De nuevo en su patria, y no demasiado satisfecho (el hipnotismo terapéutico no resultaba fiel y la etiología del histerismo no quedaba explicada), se interesó por el sistema seguido antes por un colega mayor que él, Joseph Breuer, en la curación de una joven histérica mediante el empleo del hipnotismo, no ya para anular los síntomas, sino para superar las inhibiciones de la paciente y hacerle evocar detalles de su vida pasadaen relación causal con tales síntomas, pero tenazmente olvidados (método "catártico").


Sigmund Freud trabajó en el mismo sentido y publicó en 1895, con Breuer, Estudios sobre la histeria (Studien über Hysterie). El sistema contenía en germen la terapéutica psicoanalítica y había aclarado la existencia de conflictos ideoafectivos inconscientes como premisas y causas de una condición neurótica; el traslado, en el síntoma, de energías psíquicas no liberadas y, finalmente, la posibilidad técnica de un retorno de la afectividad atascada a sus vías normales de flujo.


Se presentaban, no obstante, dos problemas: primeramente, la posibilidad de una técnica menos insegura que el hipnotismo para la debilitación de las inhibiciones y la evocación de los recuerdos; en segundo lugar, la naturaleza de las emociones y energías psicodinámicas en juego. A la primera cuestión respondió Freud con la sustitución de la hipnosis por la técnica del relajamiento y de las "asociaciones libres", según la cual el paciente es invitado a hablar con absoluta libertad de cuanto llega a su mente y a vincular una idea con otra sin un orden establecido previamente; solucionó la segunda admitiendo en buena parte la naturaleza sexual de las emociones relacionadas con las situaciones olvidadas.


Llegados a este punto (1896-97), Breuer y Freud acabaron por separarse. Había nacido el psicoanálisis freudiano, entendido como técnica de exploración del subconsciente, psicoterapia y teoría psicológica general. Freud descubrió sucesivamente que los contenidos alejados de la conciencia ("removidos") podían expresarse no sólo en los síntomas neuróticos, sino asimismo en otros aspectos no meramente patológicos, y sobre todo en los sueños (a cuya interpretación dedicó una obra fundamental, La interpretación de los sueños, 1900) y en muchos actos insignificantes de la existencia corriente (Psicopatología de la vida cotidiana, 1904).


La sexualidad del adulto le pareció condicionada, singularmente en el neurótico, por hechos y experiencias de la infancia; de la evolución del impulso sexual a partir de la primera infancia trató en la obra Tres contribuciones a la teoría sexual (1905). Más adelante, Freud estableció la psicodinámica de los conflictos del subconsciente en la interacción de tres componentes psíquicas de la personalidad: el Ello, el Yo y el Super-Yo, cuya naturaleza y función describió en varios textos de su madurez, Más allá del principio del placer (1920), Psicología de las masas y análisis del Yo (1921) y El Yo y el Ello (1923).


Al principió, creyó que a los instintos sexuales se oponían impulsos de autoafirmación, que denominó "instintos del Yo"; posteriormente describió los conflictos instintivos fundamentales en términos de amor y destrucción ("Instintos del Eros" e "instintos de la muerte"). Ciertas relaciones entre las manifestaciones neuróticas y las costumbres de los pueblos salvajes le indujeron a estudiar algunos problemas importantes de la psiquis primitiva; apareció así en 1913 la obra Totem y Tabú, que aclara varios de los más arcaicos mecanismos del subconsciente.


Mientras tanto, diversos estudiosos de distintos países habían comprendido el extraordinario valor de los descubrimientos de Freud y, agrupados en reuniones, fundaron con él la Asociación Psicoanalítica Internacional (1910) y los primeros periódicos dedicados exclusivamente al psicoanálisis. La notoriedad de Freud atravesó el Océano; en 1909, la Clark University (Worcester, Massachusetts) consiguió que celebrara una serie de conferencias.


Las lecciones que dio Freud en la Universidad de Viena durante los años de la primera Guerra Mundial fueron reunidas por él mismo en Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die Psychoanalyse, 1917), completadas por una nueva serie aparecida en 1932. A 1926 pertenece el profundo estudio sobre la angustia, Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Sympton und Angst). Ya en 1920, tras dieciocho años pasados como encargado de curso, Freud, a los sesenta y cuatro, había sido nombrado finalmente profesor ordinario de la Universidad de Viena. En 1930 se le concede el premio Goethe de la ciudad de Francfort.


Ocupada Austria por los alemanes (1938), Freud que era israelita, se vio obligado a expatriarse y marchó, con algunos familiares y discípulos, a Londres, donde murió al año siguiente. En la última etapa de su vida consagró una atención cada vez mayor a los problemas sociales, religiosos y políticos; aparecieron, así, El malestar en la civilización (1903) y Moisés y el monoteísmo (1939). Verdadero gigante del intelecto y hombre de suprema integridad moral y científica, Freud pertenece al exiguo número de aquellos que han transformado toda una cultura y cambiado el curso de la historia del pensamiento.
Fuente:www.biografiasyvidas.com/biografia/f/freud.htm
P/D:"Padre del psicoanálisis. Análisis de una mente. "
Aunque Freud era un psicoanalista que se aventuraba en lo más profundo de las mentes de las personas, nunca pudo entender verdaderamente a las mujeres. En repetidas ocasiones se pregunto ¿Qué piensan las mujeres? . Freud no tenía mucho contacto intimo con ellas a pesar de que rompiera una regla de oro al psicoanalizar a su hija Ana.
Siempre se consideró un conquistador, un aventurero, por temperamento, se catalogó a si mismo como un arqueólogo de la mente que exploró los secretos más oscuros de la misma.

martes, 29 de abril de 2008

29 de abril: Día del Animal

Si bien el hombre pertenece a la más alta escala dentro del reino animal, se celebra el "Día del animal" en conmemoración de los demás seres vivos.


Desde los comienzos de la historia del hombre, los animales han sido parte protagónica en muchos sucesos.


Para citar algunos ejemplos que causaron asombro y admiración, recordemos a Rómulo y Remo, alimentados por la loba.


Y cómo no valorar la fidelidad canina, así como los casos de perros heroicos: San bernardo, Terranova, y otros que han salvado vidas. O la compañía de perros o gatos que hacen más placentera la vida de personas ancianas, o niños.


Otros animales han sido la delicia de grandes y chicos con su protagonismo en el cine y la televisión, como Lassie, Beethoven, y tantos otros; así como los personajes de dibujos animados como Pluto, Kitty, Donald, Mickey, y en grandes obras de la literatura universal, como el caso de Platero, al que, en 1966 se acordó en España erigir un monumento, una escultura en piedra que se colocaría junto al pino bajo el que está enterrado el burrito que inspiró a Juan Ramón Jiménez; o la tortuga Manuelita, protagonista de la poesía-canción de maría Elena Walsh y que tiene una escultura en Pehuajó (Bs. As.), Argentina.


Y para citar habría mucho más, como los perros lazarillos de ciegos, o los pájaros que alegran las mañanas con sus trinos, aunque los conservemos en una jaula faltos de libertad. O los servicios prestados en tiempos de guerra por las palomas mensajeras, o de los caballos , fieles servidores y compañeros del gaucho, del cowboy, medios de transporte y bestias de carga... y sería muy extensa la lista a determinar.


El día del animal se celebra el 29 de abril en homenaje al gran propulsor de la Sociedad Protectora de Animales Dr. Ignacio Albarracín.


San Francisco de Asís llamaba "hermanos" a los animales, y recordaba que éstos fueron creados por Dios antes que los hombres. hay imágenes de santos asociadas íntimamente a los animales, como San Marcos con un león, y San Roque con el perro a sus pies, así como los pesebres que representan el nacimiento de Cristo, rodeados de animales domésticos.


Porque merecen nuestro reconocimiento, se celebra su día.Porque merecen nuestro respeto, se han creado las Sociedades protectoras de Animales.


















Fuente:http://www.redargentina.com/comun/efemerides/animal.asp



















P/D:Domingo Fausto Sarmiento, fue uno de los principales defensores de los animales. Asì, en 1879, surgiò la Sociedad Protectora de Animales que llevaba su nombre.

Fue creada por Juan Thompson. Un pariente del gran Sanjuanino, don Ignacio Albaracìn, luchò, para que se establezca la ley de protecciòn a los animales.

Asì no podìan ser maltratados ni cazados indisvcriminadamente. Ignacio Albarracìn murìo el 29 de Abril de 1926 y , por iniciativa de la Sociedad Protectora de Animales se fijò ese dìa, en homenaje a su memoria, como Dia del Animal.

"Respetemos y demos todo el amor que podemos ofrecer a los animalitos, ellos nos agradecen y nos son incondicionamente fieles..."

martes, 19 de febrero de 2008

Homenaje a Mariano Mores en sus 90 años





Un programa especial, que recuerda parte de su vida, anécdotas de su carrera y el fuerte lazo que lo une a su familia, será transmitido por la pantalla de C5N este domingo a las 14 con la conducción de Teté Coustarot

En charla con Oscar González Oro, la conductora recomendó en Radio 10 este programa especial. "Van a ver cosas muy lindas, para reconciliarnos con todos los grandes que tenemos en la Argentina", detalló Teté.Entre otras anécdotas divertidas de su vida, el músico revela por qué adoptó el apellido de su esposa y abandonó el "poco artístico" nombre que le habían puesto sus padres, Mariano Martínez.Además, relata cómo su mujer, cantante y actriz, debió dejar su propia carrera.

"Mejor dejo y lo cuido", le dijo a Teté.Mariano Mores nació en San Telmo en 1918. Si bien desde muy pequeño supo tocar en bares y teatros, su debut oficial en una orquesta fue cuando tenía 14 años, de la mano del gran Roberto Firpo. En 1939 se unió a la orquesta de Francisco Canaro, en la que permaneció por diez años, hasta que creyó que era tiempo de formar su propio conjunto musical y seguir su propio destino.

Este pianista, director y compositor fue creador de varios exitosos y recordados temas, entre los que se destacan El firulete, Adiós, Pampa mía y La calesita.Este programa especial será transmitido por C5N este domingo a las 14.
P/D inperdible este reportaje de un grande de la musica popular Argentina... Maestro de maestros... A puro Tangooooooooo...

¡¡Cumpleaños de verydiro!!

¡¡AMIGO TILDA PLAY Y ESCUCHA MÚSICA DEL ALMA!!


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¡¡Una luz contra el cáncer... no dejemos que se apague.!!

Vela contra el cancer